Un madrileño viaja hasta Errentería, un lugar del país vasco, en la época de la gran industria a hacer dinero pero encontró circunstancias que lo hicieron cambiar de planes.
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| "Papeles blancos", fue escrito para la Villa de Errentería, España, en octubre de 2018. |
CUENTO INCLASIFICABLE
PAPELES BLANCOS
Seguramente no
habéis escuchado ni leído Principios de
Administración Científica, un libro de 420 páginas de tapas azules editado
en inglés y publicado en 1911 por el Ingeniero americano Frederick W. Taylor e
importado a España hacia 1930. Un texto revolucionario,
-enhorabuena que
me lo prestó Sofía, mi novia de la Escuela-, con tantas ideas inspiradoras que
me fue muy útil para ejecutar el Análisis Económico de la Producción de una de
las fábricas de la mayor Sociedad Mercantil de papel de Guipúzcoa, La Española, fundada en la Navidad de 1901
y que empezó su andadura en un área de más de 40 mil metros cuadrados, valuada
en aproximadamente 4 millones de pesetas de ese año.
Recién graduado con
menciones de ´sobresaliente´ en ingeniería, fui con profundas expectativas hacia
el País Vasco dada la consabida industrialización de la que se oía entre la
comunidad estudiantil de la Escuela Técnica
Superior de Ingenieros Industriales de Madrid (ETSII). Hice el arduo viaje en
bus por dos razones, la primera de ellas: los apetitos de aplicar mis
conocimientos y labrarme una futura solidez económica en ese País tan nostálgico
de donde fueron originarios mis abuelos maternos. La verdad es que fui a
cumplir una misión de trabajo en la Villa
de Rentería en donde pude apreciar los sectores industriales antiguos de la
multifacética manufactura tradicional guipuzcoana como la de molturación,
curtidos, alimentos, bebidas, metalurgia, etc. Sin embargo, también pude valorar
que las industrias nuevas como la textil, del papel, aguardientes, cerámica y
cal, que han importado tecnología o se han modernizado, eran las más predominantes.
Recuerdo que
llegué a la Villa al filo de la media
noche del domingo 4 de abril de 1965 y sentía en el aire un profundo olor a
vainilla, siendo Manuel, el adormilado botones del hostal en donde me hospedé quien
me enteró que esas fragancias provenían de la fábrica de galletas Olibet de La Ibérica. Agradeciendo al empleado que me guio hasta mi
habitación, vi mi agenda del día siguiente y pensé que después de desayunar y antes
de ir a la papelera, daría una visita a otras fábricas instaladas en este
veraniego valle. En esos momentos la emoción me quitaba el sueño pues no sabía
por dónde empezar: si en las moliendas de trigo, en las fábrica de lino, en las
de hierros, o yesos, en los Astilleros de
Aginaga, o en las cordelerías de Pasaia,
etc. ¡Hay tanto que ver y mejorar aquí!, me dije, y las ganas se quedaron en mi
mente porque a la mañana siguiente, muy temprano, me vino a buscar el ufano Don
Enrique, jefe de la fábrica de papel, con quien coordiné todo lo necesario para
estar cómodo allí desde ese día hasta el final de la misión de ingeniería que
duró dos semanas, incluido el Viernes Santo 16 de ese mes en que trabajamos sin
descanso.
La otra razón de
ese viaje que hice aquél abril de 1965, y que gracias al cielo se dio, era, después
de terminar mi misión en Errenteria, ir
en busca de Pilar Careaga, una conocida ingeniera industrial nacida en 1908 en Madrid pero residida en Bilbao. Mientras estudié la profesión supe
por boca de varios antiguos maestros que la conocieron en la ETSII, de lo
decidida que era en el accionar, su expeditivo razonamiento ingenieril y la belleza
física que desplegaba, sin embargo, nunca pude entender el por qué no ejerció
la especialidad siendo la primera ingeniera graduada en España, duda que creí
despejar si la hallaba aún en tierras vizcaínas. Lamentablemente ella no estaba
en esos días por aquellos rumbos.
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El joven
ingeniero Julen Mataix dejó en Madrid
a su novia Sofía con tres meses de embarazo a la que prometió llevarla una vez
se estableciera en Bilbao. Las cartas
inter diarias a ella en las que comentaba sus cotidianidades en Errenteria, fueron una manera de
sentirse escuchado en asuntos muy particulares que fue observando en la Noble y Leal Villa y que no los podía
revelar a las personas con quien trató mientras estuvo en misión. Julen le
trasmitía a su novia en esas cartas su admiración por la comida del lugar, el
estilismo de hombres y mujeres, el ambiente cotidiano y sobre todo la posibilidad
de trasladarse a vivir allí por un tiempo dado la hospitalidad de los
guipuzcoanos. Trataba a su vez de no preocuparla por él al afirmarle que la
estaba pasando ¡excelente!, a fin de que lleve a buen término su dulce espera.
Sin embargo, le manifestaba en esas letras, la tenue dificultad con la que
lidiaba en su trabajo ya que siendo especialista en Organización Industrial
debía dedicar especial atención en el análisis y entendimiento de los procesos
de fabricación de pasta mecánica y de papel con maquinarias importadas de
Francia y Bélgica.
La dulce Sofía,
heredera de una finca agropecuaria en Girón,
sabía que su novio y futuro esposo, por el que dejó de estudiar en la Escuela
dado su difícil embarazo, no lo defraudaría y se casaría con ella en el
invierno de ese año.
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Por ética
profesional no puedo revelar en detalle el informe que presenté a los
funcionarios presidios por el señor José de Aresti de la Papelera Española.
Basta saber que después de realizar un Análisis
de Remplazo que consistió en sendos Estudios
de Tiempos y Movimientos, Muestreos del Trabajo y Evaluaciones de Ingeniería Económica en
las más de diez secciones fabriles existentes llegué a una conciliación técnica
en la que propuse adquirir una nueva máquina de elaboración de papel con su consiguiente
nueva planta de pasta mecánica. La construcción civil de ésta ya se había
iniciado cuatro meses antes de mi actuación
y en el expediente del proyecto numeré
a esa futura máquina como “5” con una producción promedio anual estimada en
70000 toneladas de papel blanco anuales, aproximadamente unos 1300 kilómetros cuadrados,
accionada por nuevas tecnologías de la marca Vhith. Ateniéndome a lo que
exhortaba el Management de Taylor, sentí
lástima al indicar al Consejo de Administración que dicha adquisición desplazarían
a oficios menores o dejaría sin empleo a una cantidad importante de obreros
antiguos que serían remplazados por otros de menor cualificación, y por tanto
de menor salario, y esto debido a que los métodos de trabajo serán más
productivos y de menor costo pero que prescindían casi del ser humano
multioficios. De hecho, y como un apéndice al cuerpo del informe, incluí un
anexo en donde les advertí que existían altos riesgos de accidentes y
enfermedades profesionales para los trabajadores de las diversas unidades de la
fábrica debido a factores como el traslado manual de inmensas bobinas de papel,
el control manual de procesos críticos, el ubicuo alto ruido, las cáusticas sales
químicas utilizadas; la contaminación del aire por humo de motores, el polvo
arbóreo, las emanaciones de sulfitos usados en blanqueamientos de pasta
mecánica, y la reutilización de materiales con patógenos (trapos sucios, papel
y cartón usados, cortezas), como materia prima y que se debían tomar las
medidas de higiene industrial y de salubridad para los obreros.
Finalmente les
planteé, en otro anexo, una serie de lineamientos técnicos para negociar
acuerdos con el Sindicato de trabajadores de la Papelera que se opuso tenazmente
a este proyecto desde que empezaron los primeros montajes de las maquinarias en
los terrenos del valle del río, incluso se temía cuando ya funcionaran, el
inicio de sus luchas por inutilizarlas: ¡una especie de ludismo versus el
maquinismo que apareció en Inglaterra y que supuse se vislumbraba en toda Errenteria para los próximos años dado
su auge industrial!
Con este informe
cumplí la misión de ingeniería que me encomendó la ETSII al confirmar
técnicamente que la máquina n° 5 cumplía con suficiencia la alta demanda de
papel alisado y satinado para la prensa, misión que la Dirección de la Española solicitó para fundamentar las
inversiones millonarias a sus socios.
El sábado 19 de
abril los directivos de la fábrica me despidieron con un fino almuerzo en el
salón de actos de La Papelera que
forma parte de las viviendas para sus trabajadores ubicado en la calle Miguel
Aldunzin. Al día siguiente, como siempre temprano y después de desayunar en la
concurrida y antigua panadería Lekuona,
me despedí de Manuel Iñaqui, el empleado del hostal que me regaló amplias
cortesías durante mi estadía en esta hermosa y Leal Villa, luego me
dirigí al terminal de buses rumbo a mi siguiente destino: Tras los pasos de
Pilar, en Bilbao.
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En otra misiva a
Sofía Teixidor, fechada el sábado de gloria católico, 17 de abril, Julen,
después de escribirle un delicado poema de amor a su novia, pasó a comentarle
algunos datos que había levantado durante el análisis de los procesos de
fabricación, entre ellos lo que muy pocos sabían: que la fabricación de papel
era gran contaminante por sus aguas residuales del río Oyarzun y sus afluentes que recorren la Villa; que había calculado altos consumos de agua para preparar la
pasta mecánica-química, material preparado con que se produce el papel, dejando
poca agua para la población, y que si bien se obtenía energía para los procesos
con la quema de residuos arbóreos dentro de la propia fábrica, era alta la
demanda de combustible para que funcionen sus máquinas; además le reveló, la
penosa deforestación de los bosques coníferos aledaños que son la materia prima
fundamental de la industria papelera. Le reveló que la nueva máquina n° 5
requeriría para su producción continua unos ¡60 camiones diarios de madera para
la producción de papel blanco!
El ingeniero
Mataix, en esa extensa carta a la novia Sofía escrita antes de retirarse de la Villa e ir hacia Bilbao, le comunicó un tanto temeroso que se había enterado del riesgo
profesional de trabajar mucho tiempo expuesto a la celulosa del papel y que
resultaba en mesotelioma o raro cáncer pleural, le escribió que en Suecia, un
pre-estudio epidemiológico iniciado en 1961 por Malker, McLaughlin, Weiner,
Erickson y Blot, afirmaban que la fibra de amianto que se utilizan en las fábricas
y el polvo de madera eran carcinógenos específicos. Además, le
comentó preocupado que existía probabilidad de cáncer pulmonar y nasal por
aspiración de bencidina, talco, formaldehido e hepiclorhidrina, químicos
frecuentemente utilizados en la industria papelera.
Aquella tarde,
la sutil novia se alarmó mientras la leía y le aconsejó a su prometido en su
misiva de respuesta, que concurra de urgencia a un médico en Bilbao para que evalúe su estado general
pues no quería quedarse viuda tan joven.
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A
lo largo de esta mi labor de ingeniero no pude estrechar la mano de Pilar
Careaga y Basabe, la primera mujer de España graduada en Ingeniería Industrial,
a los 21 años. La política fue su oficio y pasión desde donde su alma piadosa y
benévola arremetió contra la indigencia de la gente. Recuerdo lo que me expresó
el profesor del laboratorio de motores en una práctica cuando pregunté por ella,
Don Enrique Medina, un hombre que estuvo casi 60 años vinculado a la Escuela, él
me dijo: —La Careaga era muy simpática, los chicos a veces la miraban demasiado
cuando se subía por la escalerilla del motor Diésel…el ambiente entre los
compañeros era muy familiar, pues dentro de la especialidad no solían ser más
de 10 alumnos.
Sofía
de 27 y yo de 26 años, nos casamos muy felices el sábado 18 diciembre de 1965 en
la Iglesia de San Francisco de Asís de
Bilbao, ese día fue cuando mi primogénita Leonor cumplió tres meses de
nacida que fue fotografiada con nosotros y mi familia materna, arropada
coquetamente de rosado en la Plaza
Zabalburu, cerca de allí.
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Por estos años, llegan
a Mataix noticias inquietantes de la Papelera, dicen que tiene dificultades
para reubicarse fuera del casco urbano de Rentería
no pudiendo seguir el éxodo masivo fatal o definitivo iniciado en 1975 por las otras
grandes fábricas que funcionaron en la Villa
durante el auge industrial en que fue llamada orgullosamente “pequeña
Manchester”.
La vieja Papelera aún continúa adherido a su
cordón umbilical: ¡El río!▪

Buena historia!
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