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Chabel, es una villana que delató a un narcotraficante y a su contador.

"Chabel, ligas y gallos", fue escrito para la revista
Magazín, de Colombia en el febrero de 2019.
RELATO INCLASIFICABLE
CHABEL, LIGAS Y GALLOS
La Selva circundante a Tocache, la ciudad perla del oriente peruano, aún le infunde miedo a Chabel Hidalgo. Los mosquitos que trae la lluvia torrencial, la fétida humedad y el calor extremo nocturno que enciende su piel morena son parte de la misma y fea escenografía de esos años en que huyó a Lima y que hoy revive. Arropada en su abrigo negro y tacones suecos va rumbo a la cita en El Refugio de la céntrica calle Próspero con Jacinto López, el contador de un mafioso de la droga a quien había delatado. Al pasar por el pub Rústica la música tropical altisonante que sale de allí le recuerda cuando en una disco ya inexistente, a sus 14 años, conoció a un policía que después la extorsionaba sexualmente para no revelar su putería a sus padres campesinos, y que se reencontraría con ella al enterarse de su retorno de Lima.
Pero ella no había regresado sola a Tocache, hacía meses llegó con su amante Don Manuel, el bigotón de perfil bajo que se presenta como empresario siendo en realidad narco de Uchiza, otra ciudad de la selva, y con el propio López que de buen contador público tiene además lo de perito gallero. En esos meses, después de su arribo a Tocache, Chabel introdujo hábilmente al contable en el negocio turbio de su amante a la vez que se contactó con el oficial DEA, el extorsionador, para cumplir su alevoso plan. Cerca ya del lugar coordinado con López, la venganza y el despecho parecían evadirse de su control al arderle los vejámenes que la vida le hubo propinado en casi la mitad de sus años sintiendo que pronto podría reírse de todo. ¡Era 24 de junio, Fiesta de San Juan en la selva!
A esas horas de la noche y no tan lejos de allí, don Manuel Dapena, el hoploteca y coleccionista de máquinas contadoras de billetes, cajeros automáticos y cuenta monedas robados a una sucursal de un banco español, recordaba tenso en el sofá del salón de su finca cuando en 2012 conoció a Chabel en el casino Lusitánica en Lima y que por aquél año se afianzaba en el envío de ladrillos de cocaína “escamas de pescado” a los carteles de Cali y Medellín. Recordó también que el inicio de la relación fue fácil por lo bromista que él se mostró y que ella aceptó en los siguientes encuentros en ese garito y después a solas…Se arrepintió  el haberse dejado convencer por la cháchara y lubricidad de Chabel para que la hiciese ingresar a la policía, sin embargo, ¡oh sorpresa! fue ella la que después le consiguió expeditivamente personal idóneo para su negocio: sicarios, soplones y cocineros de hoja de coca, los que con el paso del tiempo se convirtieron en gente de confianza tal como era ella (quien asimismo era su amante). Se sentía enamorado de la chinita por las caricias maternales que le proveía…además, su tensión iba en aumento principalmente porque corrían peligro las masas de euros de las bóvedas de su finca, fruto de años produciendo y exportando su portafolio de drogas…No obstante todo ello, don Manuel se debatía entre asesinarla en las próximas horas al enterarse que la DEA lo había ubicado por soplo de ella, o huir los dos juntos al Brasil.  
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Su afición por los gallos de pelea nació desde que su padre lo llevaba en brazos al coliseo de riñas Sandia en Lima y su codicia por los dólares, allí mismo, también. ´López´ fue su primer gallito de lidia ―llevaba su mismo apellido― heredado al fenecer su viejo de una hipoglucemia la tarde en que apostó y perdió todo menos esa ave. El gallito frustrado por la fortuita ausencia de su dueño, desde las fiestas patrias de julio 2017, ¡no perdió una! Pero Jacinto López quería explotarlo más, se enteró que dándole de comer escarabajos copronecrófagos triturados con maíces serranos convertiría a ´López´ en un asesino gallero y así ocurrió. Sin embargo, no duró mucho la matanza plumífera que le reportó innegables dineros, pues el ave murió de un paro cardiorrespiratorio -igual que su ex dueño-, cuando se atragantó con las menudencias de su oponente de turno en el colmo de la ferocidad animal. Desde allí Jacinto alternó sus aprovechados estudios de contabilidad con las peleas dominicales en donde ganaba dinero con los tantos gallos que tuvo. Su afecto por los bravucones y la ambición por los billetes fueron logarítmicamente en aumento cuando conoció a Chabel, la achinada selvática, en las dolarizadas reyertas de gallos mexicanos en Huaral, Lima.
Una madrugada, en un hotel, Chabel lo convenció para ir a trabajar a la ciudad de Tocache con un empresario maderero, él aceptó viajar para ver si le convenía salarialmente pero lo hizo también con el fin de seguir deleitándose de la maestría sexual que ella le encajaba, y la china le hizo tal proposición al darse cuenta de la agudeza mental, don de caballero y nata sapiencia de gallero que él exponía. Ella, sin embargo, guardaba otra sorpresa para este su cliente favorito.
A los pocos días, cuando Jacinto, el contable de excelentes calificaciones en La Universidad Católica, llegó a la finca, una casa-fábrica en el monte, ubicada a dos horas de Tocache, se dio cuenta que allí no solo había gallos de casta en vistosos corrales, sino, muchísimos billetes qué contabilizar y ganar. Desde el inicio López trató al dueño de La finca como uno más de los tantos empresarios a los que llevaba sus contabilidades y finanzas -y sus elusiones tributarias, cómo no-. Su aplomo profesional, sin embargo, no le gustó al capo que tenía gestualidad y lenguaje propios de un banquero preocupado por la salud del libre mercado y la sana competencia empresarial, éste le planteó que le sugiriera un plan de trabajo sin aplicar las arcaicas normas internacionales de contabilidad, idea que Jacinto captó de inmediato al acordarse que en la selva peruana existen negocios de blanqueo de dinero proveniente del narcotráfico. En la oficina del dueño -que olía a humillos fuertes que provenían ´de los hornos´, según le comentó-, y después de horas de conversación refrescadas con cerveza selvática, López y don Manuel Dapena aprobaron un singular sistema contable que Jacinto prestamente armó en su mente y que estaría implementado, según lo expresó, en una semana. El salario de 5800 euros al mes más comisiones y otros bonos que pactó con Don Manuel fueron más que suficientes para él quien haría las veces de tesorero, es decir, de contabilizar y custodiar las bóvedas A y B que resguardaban los billetes por ventas de ´madera´ que Jacinto ya maliciaba como dinero por blanquear.
Para echar a andar su sistema contable le pidió al capo una lap top con Excel básico y un juego de USBs (que eran de plata y ocultados en una caja fuerte una vez llenos de información), los consabidos cuadernos obligatorios para registros contables nunca los usó. Así, el más barato sistema hecho a medida era fiable por ser elemental y porque los impuestos del Estado peruano no existían en su régimen contable, ni tampoco incluía multas por datos falsos o comprobantes emitidos fuera de tiempo, menos aún consideraba las depreciaciones no contabilizadas o las pérdidas del crédito fiscal, pero él sí estaba sometido a videovigilancia, resguardos y amenazas de muerte sutiles si se perdía algún billete de las bóvedas. Muy pocos profesionales de cuello y corbata se precian o alardean de llevar una contabilidad empresarial que semanalmente registra más de diez millones de euros por ventas, ¡los dólares eran pocos en el negocio! Una forma auxiliar que Jacinto utilizaba para comprobar sus balances antes de presentárselos al capo se basaba en un protocolo de igualdad: un millón de euros pesa 2,2 kilos en fajos de billetes de 500 euros, hizo este calculó sin saber que era la pauta delictiva aceptada por los narcos para los pases de coca en plena selva. Esta era la manera rápida de re-contabilizar los movimientos de dinero de las bóvedas de la finca. Otra práctica furtiva que el contable hacía era fotografiar los bloques de fajos de billetes apilados uno al costado del otro que tenían una altura de casi dos metros: ¡un bello paisaje!, decía. (El tufo de los billetes a aceitunas y sardinas lo excitaba). Idénticamente, llegó a otra identidad matemática en las bóvedas: 1 metro cúbico contiene 490 millones de euros en billetes de 500.
Por esos días, don Manuel se enteró por la china de la afición del contable por los gallos y le obsequió una de sus aves que criaba como premio al nuevo orden en la contabilidad que había impuesto y que era lo que necesitaban sus arcas. Y siempre pensando en cómo birlarle algún dinerillo extra al capo, Jacinto se las ingenió para levantar euros al utilizar en vez de una, dos ligas para sujetar los fajos de billetes. Con esta dupla de ligas se sujetaban mejor los billetes pero le permitía robarle al capo 1 billete de cualquier denominación, generalmente 100 o 500 euros; de esta manera por cada dos fajos de billetes obtenía unos 9000 euros anuales aparte de su sueldo mensual, las dos ligas que sujetaban los fajos eran claves pues calculó que un billete pesa 1 gramo y una liga 0.5 gramos. Así, ejerciendo celosamente su oficio y siempre acompañado de su gallito como mascota, López quiso reducir costos en la única planilla del negocio que incluía sueldos de guardaespaldas, gerencia, personal de servicios y técnicos; además de bonos a autoridades y políticos; gastos logísticos (aprovisionamientos, traslados de materias primas, envases, químicos, etc.), donaciones a escuelas y postas médicas e inversiones en Tocache y Uchiza, pero el capo se negó siempre a reducirlos. Jacinto deseaba subir la utilidad actual del 150 % del valor de un metro cúbico ´de madera vendida´ (realmente cocaína) puesta en el lugar de embarque que significaban una ganancia neta de 2.5 millones de euros semanales pero fracasó.  Su rutina contable, según acordó con don Manuel, era contar, repesar billetes e ingresar números a su sistema de lunes a viernes en la finca y el fin de semana salir a Tocache a divertirse con Chabel. En esa rutina del contable ella se ganaba con información y fotos del capo que él le enviaba por Whatsapp. Jacinto desde el principio sospechó de ella y poco a poco se puso celoso al darse cuenta que la chinita quería saber más y más de Don Manuel, incluso una noche sabatina, se percató que había grabado las conversaciones con su Motorola en el hotel en que estaban, argumentando ella que el celular se había activado solo. Un detalle que Chabel preguntaba con insistencia al joven contador pero que jamás obtuvo explicación era por qué don Manuel adquiría grandes cantidades de ácido sulfúrico, carbonato de sodio, gasolina, carbonato de calcio, levamisol y lidocaína que según ella no eran materias usadas en la industria maderera. De esta manera la rutina de llevar la contabilidad de las ventas de ´madera´, convivir con Chabel y asistir a las peleas de gallos en plazas de Tocache y Uchiza se extendió por dos años. Precisamente, esa noche de la fiesta de San Juan, él había citado a Chabel en El Refugio para celebrar el segundo año de servicios millonarios a don Manuel Dapena.
Quizás, Jacinto presintió que algo malo le pasaría en esa cita con Chabel porque todo el día notó a López II, su gallito de patas blancas, plumas retintas y cresta de sierra y pava, adormitado y sin cantar como lo hacía habitualmente. López II, el bravucón que don Manuel le obsequió, fue alimentado desde pequeño con escarabajos copronecrófagos por lo que ganó muchas apuestas, era de raza Kelso de los que pelean bien arriba (volando) como abajo (en pie), de ancestro oriental y que usaba navajas filipinas de ¼ de pulgada en sus espolones en los combates; Jacinto le agarró cariño porque toleraba valientemente el castigo en sus riñas con otros gallos rabiosos. El contable le tenía fe a su gallito y hasta lo creía dotado de clarividencias, era su amuleto de la buena suerte, por eso sintió temblores durante el día de ese 24 de junio al ver a López II mortalmente decaído. La fiera ave también era cómplice del contador porque bajo sus alas contrabandeaba los billetes que birlaba hábilmente a su empleador cada fin de semana que salía de La finca con él en una jaula.
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“¡era policía encubierta!”, decía el titular de El Bocaza, La mañana del 25 de junio de 2018 dando la feliz noticia que la marina y la DEA lograron allanar la finca del clan MD (Manuel Dapena) en el caserío San Agustín en las afueras de Tocache, “…intervención que fue posible gracias al don de mando de una agente que se batió a metralleta con los sicarios del capo pero que no pudo impedir que hirieran a un policía antinarcóticos… Todos los detenidos fueron encerrados en la DIRIN bajo severas medidas de seguridad… igualmente, en la Discoteca El Refugio fue capturado anoche el contador y testaferro del temible clan, Jacinto López, con cinco mil euros en sus bolsillos y su gallo mascota…” concluía, El Bocaza.
De este modo, la achinada Chabel utilizó sin compasión a Jacinto López para reunir registros contables de unos 3000 millones de euros provenientes de los delitos de Dapena y sus socios referidos a la producción y exportación de cocaína a Colombia y México; y en Perú, lavado de dinero; tráfico de heroína, metanfetamina y marihuana. En los siguientes días la agente entregó a la fiscalía fotografías de enemigos y traidores del clan asesinados, videos de recuentos de euros de las bóvedas de la finca; audios de transacciones con narcotraficantes; testigos de sobornos a autoridades locales, armas enjoyadas, espurios registros contables, etc. Así, Jacinto López fue un importante elemento delator del clan MD.
Don Manuel, el capo, fue otra pieza básica del plan de Chabel al cual hundió en el presidio sin haberle hecho ningún mal y quien más bien le dio dinero, ropa, apartamento y hasta un Hillux en aras del amor. Muy caro pagó el narco su ingenuidad. Ella lo vivió a sus anchas cuando éste iba a Lima a ver sus negocios logrando que mediante sus contactos políticos ingresara a la policía, así, siendo su amante Chabel acumuló evidencias delictivas pudiendo más su ética policial, para traicionarlo y capturarlo en la propia finca que fue el nido de pasión de ambos.
El policía DEA fue baleado por inexperto durante la intervención policial a clan MD y durante su tiempo de convalecencia Chabel solicitó su relevó a Lima que fue aceptado por seguridad y desde donde a su vez, renunció a la policía viajando luego a Europa en donde ahora se desempeña quizás en su antiguo oficio.
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El viento selvático trae frescura a Tocache a la vez que esparce en el ambiente el aroma de los escarabajos triturados que comen los gallos de pelea que quedaron huérfanos en la finca, los únicos que se salvaron del allanamiento y captura del Clan Dapena y cuyos destinos son inciertos aún•

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