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El pasajero de un bus vivió un sueño mojado mientras viajaba por el centro de Santiago.

"Agenda mojada", fue escrito para el grupo de empresas de transporte
Denham de Santiago de Chile.
CUENTO IMPÚDICO
AGENDA MOJADA
Nicolás Jacobi admitió que no tuvo mejor obsequio de fin de año que las caricias de una mujer desconocida ocurridas hoy en un bus cuando iba al Estudio de abogados Jacobi-Toro y Pons en donde él es socio mayoritario, ubicado en la calle San Diego en Santiago de Chile.
La infame reseca de fin de año era lo peor que le podía pasar al abogado especialista en estafas de comercio electrónico, pues eran las 7:25 horas de hoy lunes 2 de enero de 2017 y se sentía aún mareado producto del exceso de wiskis Johnnie´s Walker´s bebidos en las incontables celebraciones protocolares y familiares. Acomodado en un asiento del atestado bus urbano y mientras sentía los roces de la gente mayoritariamente joven y su ensordecedor bullicio, iba pensando en que viajar en estos vehículos era muy maltratador y estresante aunque las bellas chicas que subían y bajaban en el trayecto en algo le quitaban los dolores de cabeza. Hacer este viaje colectivo después de muchos años desde que fue universitario le trajo bonitas nostalgias, pero prefería trasladarse en su auto que por ahora estaba en mantenimiento. Otro asunto que se abría camino entre su envolvente resaca era resolver la renuncia de uno de sus socios y amigo, el jurisprudente en fraudes de ADNs, Tomás Toro, pero debía esperar a que Julius Pons, el otro socio, regresara de un viaje de negocios de hidrocarburos en Malasia para solucionar la renuncia conjuntamente. Por un instante sintió que su bufete legal creado hace una década estaba llegando al final.
Mientras viajaba sentado al lado del pasillo del bus, somnoliento también, recordó que como todo inicio de día ¡y de año! debía planificar mentalmente las actividades diarias, semanales y mensuales del bufete de abogados según el cronograma legal vigente, la carga procesal del Poder Judicial y la disponibilidad de tiempo de sus socios que últimamente se mostraban algo distantes de él. Estaba así cavilando cuando en eso sintió una suave sensación en la cabeza, al principio eran como cosquillas hechas por algún insecto (¿¡!?), se pasó la mano por el cabello y sin quererlo chocó de casualidad con los pechos de una mujer, que al estar resaqueado y abstraído preparando la agenda no se había dado cuenta que estaba pegada a su lado derecho. Sonrojado pidió a ella lo disculpase por tal casual osadía y cegado por las luces de las luminarias del bus, cerró nuevamente los ojos para proseguir con la organización mental de su cartapacio legal, costumbre que la consideraba adecuada como gimnasia cerebral. Ella asintió sin inmutarse siquiera; y ambos siguieron el viaje a veces empujados fuertemente por los pasajeros apresurados para bajar del repleto bus. Tanto calcular los tiempos para organizar su agenda, aunado al dolor de cabeza post curda y la gigantesca sed que empezó a brotar por todo su cuerpo lo sumieron en una somnolencia casi profunda, aunque antes de dormitarse estimó que llegaría a su destino en unos 20 minutos.   
La circunstancia que envolvía placenteramente a Nicolás Jacobi era que una prolija joven que viajaba en el bus de pie estaba adrede muy junta a él que iba cabeceando. Ella se ha había dispuesto de tal manera que sentía goce rozando disimuladamente su cabellera larga en la cabeza del abogado aprovechando la incesante aglomeración en el bus a esa hora de alta demanda en donde los olores de unos y otros se aspiraban con asco, alegría o amor dependiendo quien los aspire y quien los emane. Los cabellos de ella eran puntos erógenos sensibles al frotado de la melena del varón que también se excitó aunque en modorra, circunstancia esta tan común en las grandes capitales como Santiago que configura un ciclo delicioso que finaliza cuando uno de los involucrados abandona el bus generalmente saturado de gente con sus pantallas de celulares encendidas.
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Nicolás despertó sobresaltado en el asiento creyendo que se había pasado de paradero, sin embargo, se percató que estaba ya muy cerca de bajar. Gratamente reparó también que la pelirroja chica seguía a su lado pero esta vez advirtió que sus senos por instantes tocaban su cabeza cada vez que el bus se remecía por los baches de las vías por donde transitaba. Trató de no hacer caso a ello y cavilaba en que la carga procesal del Estudio sobrepasaría su capacidad al tener a sus socios Toro y Pons alejados, debía resolver una lista de casos graves entre ellos: el phishing o suplantación de identidades en el Banex; los falsos botnets o robots informáticos en los sistemas de El Clarín; un re-shipping con una tarjeta robada en Saga; los fraudes de falsa afiliación para obtener descuentos en Zara y  Gucci; la triangulación de compras entre tiendas piratas y el negocio legal de una amiga; el hackeo de cuentas de usuarios descubierto en Maestro Center; el clean fraud de Tiendas Tottus que era un rompedero de cabeza porque es el sistema de fraude online más sofisticado ya que los datos de las cuentas de los clientes son correctos, la tarjeta cumple con los protocolos de seguridad y los avivatos no tienen ningún historial negativo… en resumen, ingentes litigios por resolver que le preocupaban en demasía al jurisconsulto Jacobi pero los toques sinusoidales de esa joven mujer lo volvía a la dulce realidad…cuantiosos problemas jurídicos circulaban por su mente pero ella con sus senos y cabellos era su oasis. En pleno viaje todavía la chica continuaba juntando sugestivamente sus pechos a la cabeza del abogado llegando a rozar su mentón sobre él para que éste los vea o los toque con las mejillas y observe de cerca el escotado que cubría con las justas los pezones juveniles. El suave perfume que desprendía su cuerpo tallado le era desconocido al soltero legista pero a la vez fue ¡su inusitado afrodisíaco!
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Al bajar la chica de china mirada y hipnotizador cuerpo, Nicolás se sentía encendido y avergonzado de que quizás la gente del atiborrado Transantiago lo hubiera pillado en tal deleitable trance en ese trayecto de unos 45 minutos que le pareció fugaz a pesar del intenso tráfico vehicular matutino desde su casa frente a la Universidad de Chile hasta la Calle San Diego en pleno centro. Al bajar del ómnibus hartamente acalorado estuvo a punto de tropezar con el dintel de la calzada, allí se dio cuenta que había secretamente eyaculado en el calzoncillo por lo que caminó de prisa al Despacho de Abogados pensando y sonriendo para sí que él y toda su agenda mental de inicio de año se habían abundantemente mojado. Ese lunes 2 de enero, Nicolás saludó sin ganas a sus empleados y sin más se encerró en su blanca oficina indicando a su secretaria que no atendería hasta después del mediodía. Aquella pesada mañana el hombre de leyes no quiso estudiar los casos pendientes para formular las respectivas estrategias legales de sus patrocinados, por tanto no dictar Escritos para exposiciones oratorias en las audiencias; tampoco examinó la documentación que esperaba su visto bueno en la bandeja del escritorio, menos aún ver los ingentes correos electrónicos de su móvil; aplazó hasta el martes siguiente las reuniones de trabajo con el procurador del Estudio, de igual manera postergó la reunión con el ingeniero en gestión informática que había contratado. Al llegar el mediodía llamó a Susana, la curiosa y madura secretaria para indicarle que comunique a la Notaria Aguirre adscrita al Estudio que prorrogaba la fe datación de unos registros de propiedades para el jueves siguiente. Comunicó a ella que después de almorzar tomaría un tiempo para descansar fuera del Despacho porque al día siguiente debía estar preparado para asistir al Archivo Judicial de Santiago en la avenida Almirante La Torre, a gestionar materias en agenda. En la noche de ese lunes bendito, ya hidratado, descansado y fresco sentado en el sofá de su silenciosa y espléndida sala pensó en repetir al día siguiente la experiencia erótica de la mañana en el bus.

El martes salió de su casa anticipado a lo acostumbrado dirigiéndose ansiosamente al habitual paradero de buses de la Diagonal Paraguay aledaña a la Universidad, vio muchas chicas despampanantes, varias caritas bonitas, bellos ojos que lo miraban, sonrisas femeninas que lo halagaban, pero por más que la esperó allí nunca volvió a ver a aquella chica de bus que supuso frisaba los 20 años de edad. Jacobi lamentó en lo profundo de su ser el no haber intentado siquiera iniciar una conversación banal con ella. 
En este caso, el fetichismo del pecho que es un tipo de preferencia sexual, había funcionado perfectamente en la existencia del cada vez más solitario letrado Jacobi.▪


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