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Doña Lorena de joven monja, a creyente del falo superior en su adultez.

"Ocho soles", fue escrito para la revista Caretas
de Lima, Perú, en enero de 2018.
CUENTO IMPÚDICO
OCHO SOLES
VÍCTOR DELFÍN, un famoso escultor piurano, se sobresaltó del sillón de la oficina gerencial del negocio a donde acudió esa noche cuando Lorena Drouet le explicó el proyecto de estatua que le propuso realizar: —… la quiero de unas 4 toneladas de granito, diámetro proporcionado y una longitud de 10 metros, en color violáceo, vellos canos en el escroto y cabezón—. Tales características tenía la pieza a esculpir que Delfín entre risueño y extrañado le preguntó a la sesentona señora: — ¿Por qué quiere tal escultura?... ¡Y la desea con una capa blanquecina en el glande que semeje semen! ¡Ja, ja, ja! ¡A la vez melenudo y rapado!... ¿Erecto apuntando a la derecha?... ¿¡Y en la placa memoria escribo “8 soles”!?...¡Ok, madame, la complaceré!— le dijo confundido al salir de la oficina.
Para modelar su obra, Delfín recurrió a la prestigiosa revista de urología BJU International, de donde calculó las proporciones promedios entre el largo del genital flácido y erecto, la circunferencia del mismo y la longitud máxima del escroto colgando.
Eligió la arenisca para esculpir el modelo con el escoplo y buril por ser una roca sedimentaria fácil de trabajar, naturalmente húmeda, precisa en tallados minuciosos y por endurecerse al transcurrir el tiempo. Se sorprendido al leer en la revista que “¡los vellos largos canos en el escroto son una exquisitez para las mujeres maduras!”. Dos meses después, terminada la escultura, Lorena dispuso el inmenso falo granítico en el colorido e iluminado jardín de su casa en El Cuadro de Chaclacayo que fungiría de anfitrión lascivo para sus cuatro maduras amigas que la frecuentaban los sábados al atardecer.
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Lorena ex profesamente cambió su cosmovisión a los 25 años de edad y hoy sesentona ama la procaz Lima nocturna. Desde adolescente acudía regularmente por las tardes al Oratorio Don Bosco del Rímac a divertirse con sus condiscípulas clérigas y al crepúsculo, ante el Santísimo oraba por los tantos desvalidos infantiles, de pronto y sin mediar prodigio evidente un día depuso las sotanas Clarisas y empezó a espectar strippers transmutándose rápido en mánager de unos jóvenes calatistas que actuaban en los nigths clubs limeños. ¿Qué fue lo que le produjo ser otra a los 25? Pues: ¡La fotografía en blanco y negro que vio esa mañana de diciembre! Siendo novicia cuidaba a Cielito, una longeva paciente de Alzheimer, la curiosidad hizo que husmee los recuerdos que la anciana atesoraba en su silenciosa habitación cuando de improviso vio dentro del cajón del buró la figura de un moreno desnudo. Era una antigua fotografía sepia con una frase manuscrita: “el apodado, ocho soles”, quien mostraba su negra amplitud viril de larga ventaja. La monja se avergonzó al ver tal envergadura pues jamás vio análogo pene entre los alienados del Hospital Larco Herrera en donde ayudaba a bañarlos. Esa mañana se sintió perdidamente poseída y asustadísima que dejó asquientamente la foto en su lugar tocándose temblorosamente el pecho… “¡Diosito, absuélveme!”, suplicó.
La foto que Lorena lúbricamente recordaba desde joven era del zambo “Ocho soles” quien fue captado por Cielito, al descuido, meando detrás de su Fiat en el estacionamiento del aeropuerto Limatambo en donde laboraba. Lo fotografió súbitamente movida por su  afición a capturar imágenes estrambóticas con su potente Kodak. “Ocho soles” era un joven lava autos célebre porque alardeaba ser vergudo, noticia que encendió el sexo de Cielito quien por fin sació su curiosidad erótica con esa foto de 1965. Ocho antiguas monedas de sol peruano puestos en fila, equivalían a unos 30 centímetros de largo ¡de ahí el sutil apodo!
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El sábado 17 de diciembre de 2016 sus amigas de juerga se sorprendieron gratamente cuando fue develada la verga tallada por Víctor Delfín en la residencia de Lorena Drouet, en Chaclacayo. Mientras brindaban ayahuasca con wiski aparecieron seis jóvenes calatistas y entre ellos un moreno mayor en traje rojo. Pronto la lujuria apareció en los labios de ellas. Fue el mismo Víctor, varón fascinador quien con su vozarrón, sencillez al vestir y donaire se encargó de dirigir la ceremonia. Reunidas en el jardín, mientras los jóvenes realizaban estriptis, Lorena relató a sus curiosas y locuaces amigas la larga data el porqué del pene pétreo en su casa… — ¿Y por qué el anciano moreno está entre los strippers?— Le preguntaron, mientras al fondo del jardín sonaba el saxofonista de los 60s. Fausto Papetti interpretado por una orquesta contratada para la fiesta de inauguración. — ¿Cómo ubicaste después de tanto tiempo al “ocho soles”?— Sus amigas le insinuaron que la única manera de comprobarlo era medir el miembro del supuesto aventajado a lo que ella contestó sucintamente que: —un detective lo encontró y sin más yo le agarré el pene sin asco, lo medí y hasta lo olí...
—¡Señoras bonitas, Damas bellas, su amable atención, por favor! Siendo las nueve de la noche Doña Lorena me encargó darles otra gran sorpresa… nada menos que presentar a Pedro Ñaupe, moreno lambayecano, a quien vieron bailar diestrísimo con los strippers.

Don Pedro, sonriente pasó al frente del escenario en medio del aplauso y fisgoneo de las señoras que lujuriosamente suspiraban por los “ocho soles” que Ñaupe les mostraría, (Papetti había callado y el silbido del viento armonizaba con las voces de los grillos por todo El Cuadro). Delfín hizo una seña a la orquesta y surgieron las melodías de Serge Gainsbourg Je t´aime moi non plus (Yo te amo yo tampoco, de 1969), que fusionadas con el licor que ellas bebían, hicieron que la arrechura cunda por sus sangres empezando a gritar fogosamente enloquecidas.
Delfín distanciándose del jolgorio, pensó: “Lo que verdaderamente resulta divertido es ver a estas tías gritar “viva la vida”, estar todavía “en celo”, seducir a precio de oro a los jóvenes, enseñándoles sus senos marchitos concupiscentes, bailar con ellos y acariciar irreprochablemente los “ocho soles” del negrito…
La orquesta tronaba en el alumbrado jardín junto al portentoso falo cianótico y Víctor Delfín abordó su Volkswagen para regresar por la transitada autopista a Lima, dejando atrás a esas señoras penefílicas que maquillan asiduamente sus rostros con cremas y pasan horas de horas frente al espejo depilándose sus partes pudibundas.

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