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| "La embajada de la Regina Margherita", se escribió para la fundación Julio Visconti de Andalucía, España en setiembre de 2018. |
RELATO
INCLASIFICABLE
LA EMBAJADA REGINA MARGHERITA
El
ataque contra un local de oficinas en el Rioni
di Marzio, del Centro Storico de Roma, ocurrió la tarde del 31 de diciembre de 1999,
a pocas horas del fin del siglo XX.
A
primera vista todos los elementos que concertaban la escena del atentado en ese
Rioni di Marzio, el número 4 de los
22 barrios que conforman el municipio romano y que
originalmente se encontraban dentro de murallas que los protegían,
sugerían un atentado terrorista a los que ya estaban acostumbrados los
italianos desde décadas pasadas: un auto cargado de explosivos estrellado
contra un edificio, es decir, la ejecución de un crimen con coche bomba.
Quienes investigaron el caso inicialmente concluyeron que había señas que no
coincidían con esos ya comunes actos extremos porque pasaron días sin que ningún
grupo violentista se lo atribuyera, y que el local carecía aparentemente de
connotación política o religiosa. En las siguientes semanas ni las divisiones especiales de la policía llámense Direzione Investigativa Antimafia, Polizia di Stato, Arma dei Carabinieri, Guardia di Finanza y Polizia Penitenziaria, pudieron esclarecer el pavoroso petardeo que sacudió
al país del que una parte de su comunidad al ver pasar los días sin que las
autoridades capturasen a los culpables, lo atribuyó a un psicosocial articulado
por el gobierno del saliente Oscar Luigi
Scalfaro; varios ciudadanos pensaron que fue una represalia a la visita de
Estado a Etiopía en
1997 que efectuó Scalfaro en la que pidió perdón por las atrocidades cometidas
por el Ejército italiano cuando invadió ese país en 1935.
Aquél 1 de enero del 2000 muchos trasnochadores resaqueados
de las fiestas de fin de año se agruparon cerca de la Basílica de Santa María en la Piazza del Popolo, que es una
zona conocida del Centro, en busca de más información que sacie sus
curiosidades por aquella explosión brutal que destruyó el inmueble pero que no
dejó víctimas mortales y ensombreció más bien un poco las festividades. Hasta
altas horas de la noche la policía restringió el acceso a la piazza por la
calle del Ponte Regina Margherita, ubicado
al norte de Roma en donde ocurrieron los dinamitazos.
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Estíbaliz,
era una mujer cuarentona morena, alta y delgada que generaba polémicas entre la
gente del círculo empresarial romano del que se rodeaba; su estilísimo “royal”
de vida, era para unos, la “Dama pelle”, por ser dueña de “Practix & Hadix“,
marca exportable de bolsos y calzados de lujo para mujer. Para otras, las
envidiosas que administraban su Contabilidad comercial, y que murmuraban a sus
espaldas, era una tipa de misteriosas sombras en su vida porque sus negocios no
daban para guardar tantos euros en las financieras del Lazio. Quienes conocían su vida familiar sabían que era
descendiente de tierras moras y que gracias a su capacidad para hacer negocios
estaba en el lugar que ostentaba.
En
los días previos al atentado de la calle de Ponte
Regina Margherita, ella fue al encuentro de una ex trabajadora suya, su
antigua mano derecha, para ver la manera de librarse de un magnate de la pesca
a quien le debía hartos intereses por dinero fiado. Maritza Abusabá, tensa y
bella a la vez, esa noche bajó del auto Fiat
Panda Cross que la llevó desde su piso de alquiler del Rioni V romano al
restaurant de velas en donde cenaría con Estíbaliz; la chica de 20 años fue a
cobrarle varios miles de euros por sus servicios en la embajada que la
empresaria le tenía pendiente pero Maritza no logró cobrarle ni un centavo a
Estíbaliz y la amenazó con “desaparecer sus negocios”, abandonando airada y
repentinamente el local aún solitario. Maritza (de nombre Kralice Bakri) tenía
una decena de amigas que podían ayudarla en su trance de escasez de dinero pero
Estibaliz no pudo concretar en la cena con ella, el ingreso de más personal de
servicios o “chicas del tul”, a “la embajada” y así librarse del acoso del pesquero
a quien debía.
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La
existencia de “la embajada” en el Rioni
di Marzio era un secreto a gritos en el mundo diplomático romano y era notorio
que rendía alta rentabilidad al regente proxeneta en apariencia dedicado al
mundo pesquero quien al crecer la clientela año a año, chantajeó desde muy
joven a la morena Estibaliz para que le procurase “chicas del tul” prometiéndole
librarla, si cumplía el favor, de los intereses agiotistas de dinero que le
facilitaba.
Muy
pocos clientes preferían a mujeres mayores para sus encuentros íntimos, es
decir, los que aún no tenían 40 años. Y Estíbaliz (de nombre Dolunay Hasbun),
quien merodeaba el final de su ciclo lucrativo después de casi dos décadas de
co-regentar en esa “embajada”, era la más solicitada por los jóvenes
teleiofílicos, es decir, los filiasexuales por mujeres mayores. A ese lugar asistían exclusivamente morunos que
debían ser servidos sólo por mujeres no moras, porque su ética y moral les
impedía relacionarse corpóreamente sin estar casados, siendo la cópula premarital proscrita de toda consideración como
medio de satisfacción amatoria. De esta manera los diplomáticos y
personal de países mediorientales destacados en Roma eludían uno de los
preceptos escritos en su “manual de vida” referido a la fornicación pero satisfacían
sus deseos reprimidos en esa sarcásticamente nombrada “embajada Regina Margherita” con una mujer no mora.
El
sábado 31 de diciembre de ese año el regente de la “embajada” lo declaró festivo
y todo su personal, a excepción de un empleado del putiferio, fue a descansar
hasta el lunes 2 de enero del 2000. Ese dato lo supo Maritza Abusabá quien se
contactó con mafiosos del lumpen romano para que armaran un coche bomba y lo
detonaran en la infame embajada a las 15 horas del sábado dejando como saldo oficinas
destruidas y a varias personas sin sustento.
Aún
hoy, las autoridades no resuelven el caso y sospechan que un nuevo grupo armado
está en ciernes en la ciudad de Rómulo y Remo.▪

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