El oficio de espía es tan antiguo como la ambición del hombre por el poder. Uruk fue un apóstol incógnito de Cristo que actuó bajo su sombra.
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| "Uruk Namán", fue escrito para la revista virtual Quimera de Costa Rica, en diciembre de 2018. |
RELATO INCLASIFICABLE
URUK
NAAMÁN, EL INESCRUTABLE SUMERIO
Un
dato real que los historiadores sometidos al imperio romano no pudieron
establecer con precisión fue la fecha de nacimiento de Jesús de Galilea. Ni los
conocidos cronistas Flavio Josefo o Cornelio Tácito localizaron fuentes
informativas confiables para determinarla a pesar que invirtieron tiempo y
dinero para ganar más fama noticiando a los romanos de las primicias acerca de
ese personaje que desafió al imperio con su doctrina religiosa que dejó muchos
seguidores tras su crucifixión. También jugó a favor del misterio el temor de
los propios de discípulos de Jesús de ser ejecutados pues saberlo era un
secreto delator ante las autoridades romanas que en el siglo I colonizaban a
los judíos.
Pero
Uruk ―un descendiente de Naamán, el general sirio que fue curado de lepra por el
profeta hebreo, Eliseo―, fue el único cronista que estuvo inmerso en los
acontecimientos ocurridos a Jesucristo antes de que muera en la cruz. Los doce apóstoles de Jesús le apodaron temerosamente
el apóstol de Ur (una antiquísima ciudad mesopotámica). Mientras sirvió a
Cristo durante los últimos tres años de vida cuando predicó en Galilea, Samaria
y Judea, su labor asignada por el mesías dentro de la primitiva comunidad cristiana
fue la de ser un estratega oculto que actuara contra los peligros que acechaban
a los primeros fieles, tarea que cumplió a cabalidad revelando al Salvador
judío las pugnas internas entre sus seguidores y a varios personajes o etnias
de diversa ideología insertados hipócritamente en la joven comunidad con el fin
de destruirla por considerarla nociva para la seguridad política de Roma y por ser
un factor peligroso para los intereses de grupos de poder económico aferrados a
esa zona estratégica.
Lo
máximo que se ha podido declarar, según el historiador Dionisio el Exiguo, es
que el llamado Jesucristo nació en un otoño idílico. Pero el dato real histórico
lo pudo tener Uruk, el noble sumerio táctico y estadistígrafo, amado por sus
subalternos a quien consideraban un irremediable seductor pero también un ser asaz
impasible y autoritario.
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El
paisaje natural de Mesopotamia a veces árido bajo un incesante sol se convertía
en tiempos antiguos en una hoguera para quienes lo cruzaban, las milicias en
campaña de a pie sufrían allí golpes de calor que eran fatales para los jóvenes
recién incorporados; el silencio del paisaje a veces roto por los vientos
sureños del Éufrates y Tigris o las aves de carroña en busca de cadáveres, eran
los únicos agentes aliviadores de esa soldadesca en permanente activamiento.
Otras veces la llanura era inundada por los efluvios nacidos del romance entre
esos ríos que eran como cribas que trocaban las grandes melancolías diarias por
pocas gotas de alegría de la gente que vivía en esa región.
Y
ser áulico en Sumeria era raro y más aún el ser rico, pero las heridas malditas
si eran consuetudinarias entre los pobres del pueblo, por eso Uruk Naamán, el
inescrutable descendiente de personajes acaudalados e ilustres, supuso que era
su fin cuando las vio asomar. Las llagas de los brazos aparecieron de un
momento a otro esparciéndose luego por su pecho y torso. Uruk un tanto
atemorizado pensó que se trataba de lepra porque eran úlceras abiertas y
supuraban un líquido espeso, amarillo y mal oliente. Él conocía de sobra esta
peste desde los tiempos en que sirvió al ejército sirio cuando implementó la
táctica de introducir enfermos de la contagiosa lepra para diezmar previamente
a los guerreros de las ciudades a donde atacarían, de modo que consultó a Azu,
un curandero práctico y deslindarla, para su sorpresa ¡se había contagiado!; lo
raro era que hacía buen tiempo no se acercaba a leprosos, pero según Azu la
enfermedad había quedado latente en su sangre y ahora había brotado a sus 69
años de edad. Al saber que era un padecimiento mortal se apresuró a concluir el
archivo compilatorio de su historial laboral en el ejército para entregarlo a
la administración del régimen romano que dominaba Siria y así conseguir una gracia
nobiliaria para pensionarse el resto de sus días. Aparentemente no le hacía
falta porque siempre dispuso de una hacienda lucrativa y sustancial, pero el
título de noble le era esquivo.
Uruk
Naamán sirvió en la legendaria Orden Aqueménida de Ciro II durante 20 años.
Esta Orden de élite pertenecía al regimiento Los Inmortales de Antioquia
compuesto por 10000 hombres todos ellos aristócratas o huradus. Fue en ese
regimiento en donde Uruk se aleccionó para realizar labores de inteligencia en
el vasto imperio persa. Llegó a tener bajo su autoridad secreta gente experta
en secuestros de informantes y hechicería negra; también, peritos en envenenar
el agua, aire y ganado; diseminadores de sarampión, viruela y plagas, además de
varias mujeres espías que en apariencia eran servidoras sexuales, incluso tuvo un
convoy armado especializado en sabotajes los que en conjunto preparaban a los enemigos
del estado sirio para que sean diezmados posteriormente por las falanges del ejército.
Por
su experiencia lograda durante los primeros quince años en expandir la guerra
sucia en Sumeria ganó adeptos inconformes dentro Los Inmortales quienes lo propusieron para ser un rey paralelo al
vigente, debido a esto Uruk se radicó en Babilla en donde urdió un plan
defenestrador con unos colaboradores hasta que fue descubierto por personas
allegadas al rey y removido en solitario al exterior. Al ser versado en
estrategias arteras los jefes fieles al rey no lo ejecutaron y lo destacaron de
Antioquia a la región israelí de Galilea para tentar su ingreso como espía al
ejército romano que colonizaba ese territorio, pero el destino empecinado se
interpuso para dirigirlo a encontrarse con el Mesías de los Judíos, un tal Jesús.
El insondable sumerio tenía 45 años cuando viajó a ese destino.
En
su expediente laboral que presentaría al régimen sirio, Uruk, consignó diversos
datos de sus servicios militares en Galilea dentro los cuales había información
personal del mesías judío referida a su filiación completa incluidas sus fechas
de nacimiento y muerte; idénticamente, describió el modo de operar e
identidades de los mandos de diversas organizaciones sediciosas entre ellas la
de los monjes Qumran, el grupo armado Zelotas y El Gremio Nacionalista de Palestina, además de investigaciones
referidas a las tácticas militares y políticas romanas vigentes. Sin embargo, el
general Marco Tulio a cargo del remanente ejército Sirio en Antioquia, a quien
iba dirigido el extenso historial laboral de Uruk Naamán, jamás lo recibió
porque se extravió antes de que llegar a sus manos, este hecho fue nefasto para
las aspiraciones monárquicas del sumerio porque las llagas se incrementaron en
profundidad y extensión en su cuerpo, trastocando a la vez su mente. De esta
manera aquel estratega amado, atractivo y autoritario que fue, se sumió en la
profunda depresión y llegó a traspasar en el poco tiempo los límites de la
cordura.
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Era otoño del año treinta y los fuertes
vientos remecían los cobertizos y pérgolas de las casas en la aldea de
Cafarnaúm. Los bejucos lucían desnudos, las águilas ya no retozaban en los
riscos del Mar de Galilea, ni guarecían a sus crías en sus tibias y lóbregas
cuevas. Fue en ese escenario en donde Uruk, quien iba de paso por la aldea
después de cruzar el desierto de Tiatra, conoce a Jesús un poco antes del
tiempo de los apóstoles. Uruk recuerda que el judío llevaba un manto de color
granate que combinaba sobriamente con su túnica blanca de grecas marrones;
ceñía sobre su cabellera una cinta gris gruesa y en su talega de cuero pudo
ver, al parecer, documentos importantes. Observó que era escuálido de
contextura aunque más de una vez fue criticado de "glotón y dado a tomar vino", tenía magulladuras en sus manos
que según pudo averiguar eran huellas de su ex oficio de calafate o carpintero
naval. De nariz prominente y cejas ralas, lucía barba y bozos recortados.
Debido a la alta temperatura otoñal vio que su transpiración facial era más abundante
que lo normal haciéndolo sospechar de un biorritmo anómalo. Desde que lo
conoció Uruk notó que Jesús era hombre de profunda oración –incansable
predicador de engolada voz–, y tenaz misionero.
Jesús halló como anillo al dedo a
este redomado personaje de Ur quien después de enterarlo de su Misión
Salvadora, se hizo su discípulo precario. Desde las primeras conversaciones aquél
lo convenció, sin conocerle aún, que lo ayude a resguardar su próxima Comunidad
por fundar de traiciones, hipocresías, intereses de sátrapas y otros riesgos
maléficos. Uruk aceptó tal encargo consciente de que desertaba de la misión de
insertarse en el buró romano que le fue ordenada por el comando sirio. Dentro
de sí, sin embargo, estaba seguro que asumiendo este encargo conseguiría
nuevamente poder para regresar triunfante a sumeria y retomar su rango de noble
que le fue vedado cuando lo expulsaron de su país.
Durante
su servicio policiaco al galileo se reunía en secreto con él y obligatoriamente de
madrugada informándole detalladamente de todo aquello que representara un
peligro para su nueva “Colectividad Cristiana”. En lo personal, Uruk tuvo varias
amantes judías por eso se sorprendió que “su Maestro” fuera misógino comprendiendo después que
optó voluntariamente por el celibato, esta condición de Jesús lo traía
confundido e incómodo dentro de la agitada comunidad dada su fogosidad sexual. Asimismo,
tuvo rencillas a primera vista con Pedro, el más antiguo de los apóstoles
de Jesús, pues este lo sospechaba como de un origen malsano. Uruk escuchó decir
a un manco delator el rumor insensato de que él era el antiquísimo rey sumerio
Gilgamés, aquél que gracias a su madre Ninsun consiguió la inmortalidad de los
dioses, idea estrafalaria que al comienzo no le dio importancia pero que con el
tiempo se convirtió en una idea fija y perturbadora que lo fatigaba mentalmente.
Uruk descubrió que Natán, el delator que se coló en la comunidad, había
influenciado en Simón Pedro para incomodarlo ante Jesús con ese falaz
argumento.
Al
morir Jesús crucificado, Uruk regresó tras sus pasos a Siria escapando del
ejército romano que lo identificó como un estratega extranjero peligroso, pero
logró evadirlos y regresar por el Éufrates gracias a sus conexiones con algunos
monjes Qumran y espías veteranos afincados en su ruta de fuga. Luego se
estableció en Babilla durante unos 10 años más hasta que le aparecieron las
llagas que supuso era la terrible lepra. Por esos tiempos su mente andaba ya
nublada porque confundía la realidad con el pasado; en sus pesadillas aparecía persistentemente
Naamán el general que vivió miles de años antes que él, arengándole para que
sirva nuevamente a Ciro en sus campañas más allá de las murallas de Babilonia. El
Mesías judío también se le aparecía y le decía incesantemente y de madrugada
que abandone a sus dioses acadios y se convierta al talmud para que predique a
los mercenarios del desierto de Tiatra.
La
noticia de su casi locura llegó al general Marco Tulio quien ordenó, movido por
su piedad, que Uruk sea tratado con medicina de monjes. Sin embargo, Roma no
cesó de perseguirlo y en pleno tratamiento médico fue capturado por una
comitiva papal y retirado a un manicomio monástico en donde exteriorizaba un
proceder extravagante y se vestía cubierto de más para que no se le vieran las
heridas sangrantes. Finalmente, cenobitas envidiosos del solitario, cicatero e
histriónico Uruk se enteraron que era leproso y vilmente enviaron a saquear su atildada
casona blanca, arrebatándole trofeos, dinero y pertenencias los que fueron quemados
en medio de la algarabía nocturna en la bucólica plaza de Babilla. Al enterarse
de aquella infamia colectiva Uruk Naamán enloqueció inmortalmente.
Tiempo
después el sumerio Uruk Naamán murió de lenta sepsis que afectó más su estado
mental pero aun así dejó huellas indelebles en donde le tocó actuar como
estratega militar y una de aquellas que aún pervive es la convicción que él
dedujo cuando espiaba por los desiertos del oriente próximo y que dejó escrita
en su legajo militar: “que la región de sumeria nunca llegará a estar en paz
por ser la puerta de encuentro de dioses inentendibles entre sí”.
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En
2013 arqueólogos británicos descubrieron en Tell
Khaiber, una ciudad en el sur de Iraq, un complejo de restos en donde
hallaron armas, mieses, huesos humanos, utensilios diversos y tablas de arcilla
los que después de analizarlos pudieron catalogar y homologar históricamente como
pertenecientes a la cultura sumeria y babilónica. Les llamó poderosamente la
atención los datos que revelaban aquellas tablillas referidas al historial de
un personaje sumerio llamado Uruk que determinaron muy cercano a Jesucristo.
Los investigadores armaron una secuencia cronológica con las señas inscritas en
las cerámicas pero no pudieron establecer la fecha histórica del nacimiento del
mesías, la secuencia cuneiforme se extravía cuando en la historia de ese personaje
ocurre lo que ellos llamaron “un salto al vacío cronológico”. Otro dato
importante que los arqueólogos forenses de la Universidad de Manchester, a
cuyos laboratorios fueron destinados los restos inmemoriales, fue que el
personaje Uruk no sufrió de lepra sino de una infección bacterial llamada actualmente
ulcera de Buruli.▪
C

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