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Una reina del antiguo egipcio pervive aún en el siglo XXI y tiene predilección por los niños.

"Zemira en los ojos de la reina", fue escrito para la Asociación
Leopoldo Lugones, Buenos Aires, Argentina. 
RELATO INCLASIFICABLE
ZEMIRA EN LOS OJOS DE LA REINA
Los ojos de la máscara colgada en una pared del salón familiar parecían mirar fijamente a la bebé sentada en el piso que abstraída tampoco dejaba de observarlos. La mirada de la pequeña se posó en aquellas pupilas azules casualmente esa mañana mientras gateaba quedando tan fuertemente atraída que Terelú Galicia, su madre, se asustó al percatarse de tal encantación de Zemira, llevándola en brazos rápidamente hasta el jardín exterior. En su desesperación recordó las palabras del anticuario cuando la compró antes de ayer: “la máscara es el rostro de La Señora de la Mirada, sus ojos miran como si fuese una persona viva”…siendo esto el atractivo por el cual la adquirió para adornar el salón. Horas después la niña empezó a llorar sin razón aparente. A partir de ahí la fiebre, vómito, palidez, falta de apetito, diarrea e insomnio continuó ese día pese a la oportuna medicación, síntomas que misteriosamente desaparecían cuando en brazos de su madre la bebé volvía a los ojos de esa careta. Este detalle lo notó la mamá que decidió urgente acudir a donde una curandera al haber fracasado el tratamiento medicinal. Aquella tarde, Terelú antes de salir, se acercó a la máscara cobriza de la pared y advirtió escrita en su frente: Sha-it-Athor, y la fotografió con su Galaxy.
Sus pacientes le dicen Marcia, la curandera, pero también es médica y tiene el laurel de curar casos paranormales en personas de dinero que por vergüenza no acuden a los chamanes populares después de fracasar en curarse con la medicina convencional.
En el blanco y aséptico consultorio la afiebrada niña fue auscultada por Marcia, al tiempo que escuchaba a Terelú la sintomatología que observó en su bebé, sin embargo por prejuicio, la madre no le informó del efecto de las supuestas miradas de la máscara de la pared a su hija. Al revisar con su angiógrafo los fondos de ojos de Zemira, la médica vio en la retina y coroides izquierdas un brillo inusual, parecía proveniente de un algún objeto desconocido y maligno, imagen que le provocó un vago presentimiento cardiaco que sobrevino en temor por no saber qué era eso que veía. Pensativa y  nerviosa, Marcia se dispuso a proceder a ´limpiar a la niña con el huevo y rezo´ que era su procedimiento inicial, una especie de triaje para determinar el diagnóstico sin fallar cuando los métodos de la medicina no sirven...y ¡la juiciosa curandera se sorprendió al ver unas formas raras en el vaso de agua!
El primer pensamiento al ver a tras luz el huevo frotado en el cuerpecito de Zemira disuelto en un vaso de agua fue que tenía el ´mal de ojo´. Su agudeza intuitiva hizo que ´viera´ no uno sino tres elementos superpuestos de apariencia arcaica en el vaso: un espejo que en vez de vidrio era plata, con mango de ébano y loto de oro que lo aseguraba; además ´vio ´una máscara y un perfumario… Marcia, recordando lo leído de los ancestrales egipcios dedujo que esos tres objetos eran amuletos maléficos. Probablemente aquel espejo, a juzgar por su elegancia sencillísima fue el que encantó y enfermó a la niña, pensó. Ante esa duda, la médica mostró a la miedosa madre el vaso de vidrio con el huevo diluido y le dijo que si no eliminaba o escondía esos objetos Zemira podría morir. —Sé que están en su casa y son como unos adornos antiguos—le aseveró, Marcia. Terelú Galicia confesó entonces que antes de ayer había comprado un perfume, un bello espejo y una máscara de reina en una casa de antigüedades. Además, le dijo lo del éxtasis que Zemira sufrió al mirar esa mascarilla colgada en su salón mostrándole temblorosa la foto en la que Marcia inmediatamente reconoció a Sha it Athor -la diosa egipcia del destino y del amor-, y otras fotografías en donde aparecían un perfumario y un espejo antiguos. La madre le contó a la doctora que el perfume lo usó para aromatizar su casa antes de ayer el día de cumpleaños de Zemira y que la niña se quedó como hipnotizada cuando la posó frente al vetusto espejo. Al escucharla la doctora imaginó a Sha it Athor con arrogante figura y magnífico tapado de kolinsky dejando a su paso una ráfaga de su aroma singular, el «Atórat el móut!... ¡el perfume de la muerte!
Marcia confirmó su sospecha al escuchar a Terelú y dedujo que el cristal en donde se vio la niña era una réplica del espejo de la diosa egipcia Athor. La doctora le dijo además que estaba sorprendida por la coincidencia que este caso tenía porque había una entidad más aparte de la máscara y espejo malévolamente relacionados: ¡la copia química del perfume de Nefertum! el dios egipcio del Sol naciente. Le explicó que el perfume que compró y con el que aromatizó su casa era de alraune, una planta mágica que quienes la cultivaron al querer podarlas o arrancarlas del suelo enloquecieron. Le dijo a Terelú, asimismo, que Zemira nació con un especial amparo contra lo maléfico porque la Señora de la Mirada fue fatal para los egipcios pudiendo haberla matado al mirar fijamente sus ojos. Le manifestó que los ojos azules de Sha-it-Athor le depararon poco amor a ella y mucha desventura al pueble egipcio recalcándole que desechara inmediatamente esas antigüedades. Le indicó que los rezos con huevo a la bebé continuarán además de darle mates de cardo santo y hierba de san Ignacio.
En los siguientes días la buenamoza Terelú se dijo a sí misma: ¡Aceituna, una! y devolvió el espejo, el perfume y la máscara al anticuario quien optó por ponerlos a la venta una vez más.▪

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