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Justin C. un policía peruano enferma mentalmente tras involucrarse en la guerra de guerrillas ocurrida en Ayacucho, Perú en los años 80s.

"¡Papay Jano!", fue escrito para la asociación AGIFES de
San Sebastián, País Vasco, España, en el 2015. 
MENTES ENREDADAS
¡PAPAY, JANO!                                                                                
I
Era inicios de 1982 cuando Ayacucho, un departamento en las serranías de Perú, fue tomado violentamente por el Partido Comunista Sendero Luminoso apuntalando así su ´guerra popular anti imperialista contra el viejo Estado Peruano´. En su capital del mismo nombre era pan de cada día explosiones de coches-bomba, emboscadas a columnas anti subversivas del ejército, ´paros armados´ de servicios públicos, raptos sangrientos a dirigentes campesinos, sorpresivos apagones nocturnos de toda la ciudad, muertes a mansalva de sirpas comunkunas “traidores comuneros”, irrupciones a cuarteles con asesinatos de policías, dinamitazos a casas de autoridades políticas; asimismo, ayakatys “cantos fúnebres” por doquiera, voladuras de buses de servicio urbano en las empedradas calles y apologías del terror pintadas de rojo en paredes de mercados, parroquias, escuelas y hospitales todo ellos rubricados bajo una bandera roja con la hoz y el martillo soviéticos. Igualmente, los diarios ultraizquierdistas exaltaban en sus páginas las acciones del senderismo incitando a la población al motín total, amenazando de muerte a los tribunales si no indultaban a “los revolucionarios del Pueblo” encarcelados.
En este ambiente convulsionado apareció Dustín C., o mejor dicho Jano, con su pequeña familia quien en febrero de ese año fue asignado por su comando policial a reforzar la cárcel ayacuchana. Aun así la irrupción a ese penal a medianoche del 2 de marzo fue el acto más osado y mejor planificado por Sendero Luminoso para liberar a sus huestes capturadas en recientes redadas y en el que Jano tuvo que batirse rezando a Dios para no morir entre terrucos senderistas a ráfagas de FAL y pistoletazos contra los incendiarios fanáticos del presidente Gonzalo y así librar apenas su vida.
El breve informe del Ministerio del Interior divulgado en Lima a la mañana siguiente indicaba que habían muerto más de una decena de policías, alrededor de noventa subversivos, prófugos (70 senderistas y 304 presos comunes), además de cuantiosos daños a la propiedad privada, civil, militar y el reclusorio parcialmente derruido. Lo que no decía el informe era el penetrante trauma síquico que los policías sobrevivientes sufrieron esa noche en defensa del orden establecido. De inmediato y en represalia la autoridad militar designada por el gobierno peruano decretó el ´Estado de emergencia´ y ordenó destruir toda la parafernalia senderista en Ayacucho y arrestar vivos o muertos a sus militantes.
------
Tan pronto lo ascendieron a Teniente, Dustín C., fue adscrito a Ayacucho la zona de conflicto interno lo que le costó la amonestación de un general por reclamar airadamente tal decisión, pues — ¡yo no quiero irme a morir por terrucos!—le increpó. El respondón joven autodenominado después Jano, presionado para que no lo boten de la policía por desacato, viajó a fines de enero desde la capital peruana hasta esa ciudad serrana con su esposa Margot y su hija de 2 años de edad alojándose convenientemente en el barrio de La Magdalena cerca al centro colonial. Desde que egresó de la escuela de oficiales su existencia policial en Lima estuvo surcada por capturas de ladronzuelos, arrestos de delincuentillos de abastos y resolución de infracciones de poca monta. Alegrón y dado a beber intercalaba su tiempo asimismo, en prostíbulos lumpen, mar de copas en chinganas porteñas, papeleos en oficinas policíacas y una aburrida vida familiar. Ya en la lluviosa Ayacucho pronto encontró colegas que congeniaron con su licencioso estilo de vida.
---
Eran aprox. las tres de la madrugada cuando en la lobreguez de una silenciosa calle del barrio de Andamarca inundada de lluvia ellos ubicaron la chuklla (choza de quincha y techo enramado) del camarada Roque. De inmediato el teniente Jano al mando de cuatro policías armados y algo ebrios tomó vuelo y violentó a patadas la puertezuela de tablón ingresando con los demás en la oscura habitación que olía a tocosh y charquis apuntando su arma a todos lados sin ver nada adentro, de pronto, se dio cuenta que en suelo había un indígena tirado y antes de jalar el gatillo de su FAL 4508 (fusil ametrallador ligero), el hombre cogido de sus borceguís le dijo llorando: “¡papay, no me mates…otros son los que asaltaron el penal!…¡No me dispares, k´api papaycito!”...aiawchacuy!...un presentimiento sobresaltó el alma de Jano y espurreando ruidosamente percutó varias veces el gatillo de su ametrallador contra el andino sin usutas (sandalias) pero las balas no salieron, los policías detrás suyo también iban a disparar al hombre pero él ofuscado, les gritó: — ¡carajo, no es Roque!—y dio la orden de desalojar prontamente la choza y dejar libre al indio. Los cinco atemorizados jóvenes uniformados salieron sigilosos a la calle en aguacero a buscar más sediciosos fugitivos pero en la mente del oficial quedó grabado el rostro anguloso sombrío del viejo andino que la muerte no se quiso llevar.
II
Tiempo después Dustín C. ya cuarentón, divorciado de Margot y retirado unos años atrás de la policía por consejo médico había adoptado el oficio de jardinero de parques y jardines en un burgués distrito limeño, lo hacía con el rostro encubierto por una capucha, anteojos oscuros y ropa de trabajo holgadas, adoptando tal actitud de incógnito porque se sentía perseguido y observado, se angustiaba creyendo ver por las calles a jóvenes andinos a los que él recluyó en el penal ayacuchano después del asalto de 1982; caminaba a salto de mata cuando se dirigía a su hogar temiendo ser descubierto por senderistas venidos a Lima a ultimarlo, reforzó la seguridad de puertas y ventanas de su domicilio con tapias de fierro y como aún hasta hoy, casi no departe con sus vecinos. Había rigidizado su seguridad personal desde que una noche del 2001 fue secuestrado en el cercado limeño por unos jóvenes, tres hombres y una achinada mujer con voz dirigente, todos de buen talante, quienes llamándolo por su nombre lo abordaron, lo subieron a un taxi y raudamente lo trasladaron en dirección sur por unos 35 minutos hasta una casa de paredes estucadas en donde la mujer antes de entrar, y después de aclararle que no tuviera miedo, le dijo que una persona les encargó traerlo — ¿Y cómo me reconocieron?— le preguntó Jano, —¡el Partido sabe cómo hacerlo, teniente!—, le contestó la china de mirada lúcida; grande fue la sorpresa cuando en la sala de la casa, después de unos minutos de espera, apareció un hombre algo mayor a quien reconoció inmediatamente, este vestía lliclla “manta” marrón y sombrero de paja quien después de saludarlo civilmente, lo invitó a pasar a un salón contiguo en donde en una mesa con mantel rojo había un festín serrano que él aprendió a saborear cuando era jacarandoso teniente en Ayacucho: patachi con tocino, human caldo, cuy chactado, una jarra con chicha de molle y potes con mazamorra de jahuinca…—¡Este es mi agradecimiento!...¡Reqsisca, Jano, tu supiste no acabar con mi vida esa noche! ¡Ja Caraya!...Nosotros somos hijos legítimos del pueblo y estamos aquí atrincherados combatiendo contra los burgueses…—le dijo, pausadamente.
Meses después Dustín C. recordó de aquel secuestro que después de comer parco, tenso y casi sin conversar con el camarada Roque fue regresado al centro limeño y liberado por los cuatro jóvenes cerca del municipio de San Isidro en donde aún trabaja.
Por estos días de solitario, en su cama y en las cotidianas madrugadas de panicosos insomnios, cada vez que busca una explicación del por qué le dieron de baja de la policía relee vez tras vez un diagnóstico que no cree y que en 1983, regresado de Ayacucho a Lima después de tumbar a patadas y metralleta cientos de puertas de chozas de terrucos, un siquiatra dictaminó su mal como TEPT, trastorno por estrés pos traumático evidenciado por constructo arousal, numbing emocional, flash back nocturnos y amnesia disociativa
Tal es la vida suspicaz, reservada y delirante del ex oficial de la policía que lidió contra las guerrillas en los andes peruanos al cual los años no le han quitado sus habituales curdas de aguardiente, la esporádica compañía de alguna amiguita cariñosa y su burlón modo de ser; Dustín que se siente Jano y anda con su encaletado Taurus calibre 38 al cinto, cree que son los guerrilleros que pululan disfrazados por donde transcurre su vida los que lo van a matar pronto …”hay un camarada que se me escapó en un operativo policial, he averiguando su domicilio y lo voy  a recapturar…ingresaré a su casa y le plomearé el cráneo tal como lo hicieron a mis cumpas de la policía...Pero, ¿y si me apresan?… ¡carajo!, ¿y si me meten al penal de Ayacucho con los puna runa?...

EPILOGO
El Informe oficial del Gobierno del Perú de agosto 2003 a través su Comisión de la Verdad y Reconciliación divulgó que el partido PCP-Sendero Luminoso, facción maoísta del hoy condenado a perpetuidad Abimael Guzmán Reynoso llamado por sus seguidores ´presidente Gonzalo´, ocasionó con sus métodos sistemáticos y masivos de extrema violencia 31331 víctimas mortales (46 % del total entre1980-2000) y las fuerzas armadas peruanas el 37 % siendo las zonas más pobres del país las más afectadas.
Pero allá arriba, en las serranías del barrio de Andamarca de calles antiguas y polvorientas, de casonas con arquerías españolas y pórticos con cruces, la lloclla yawar o lluvia sangrante recuerda con sus truenos que estremecen los cerros de ichus y pukupukus que aún entre sus cuevas se ocultan muchos indóciles senderistas listos para atacar▪


MENTES ENREDADAS

¡PAPAY, JANO!                                                                                
I
Era inicios de 1982 cuando Ayacucho, un departamento en las serranías de Perú, fue tomado violentamente por el Partido Comunista Sendero Luminoso apuntalando así su ´guerra popular anti imperialista contra el viejo Estado Peruano´. En su capital del mismo nombre era pan de cada día explosiones de coches-bomba, emboscadas a columnas anti subversivas del ejército, ´paros armados´ de servicios públicos, raptos sangrientos a dirigentes campesinos, sorpresivos apagones nocturnos de toda la ciudad, muertes a mansalva de sirpas comunkunas “traidores comuneros”, irrupciones a cuarteles con asesinatos de policías, dinamitazos a casas de autoridades políticas; asimismo, ayakatys “cantos fúnebres” por doquiera, voladuras de buses de servicio urbano en las empedradas calles y apologías del terror pintadas de rojo en paredes de mercados, parroquias, escuelas y hospitales todo ellos rubricados bajo una bandera roja con la hoz y el martillo soviéticos. Igualmente, los diarios ultra izquierdistas exaltaban en sus páginas las acciones del senderismo incitando a la población al motín total, amenazando de muerte a los tribunales si no indultaban a “los revolucionarios del Pueblo” encarcelados.
En este ambiente convulsionado apareció Dustín C., o mejor dicho Jano, con su pequeña familia quien en febrero de ese año fue asignado por su comando policial a reforzar la cárcel ayacuchana. Aun así la irrupción a ese penal a medianoche del 2 de marzo fue el acto más osado y mejor planificado por Sendero Luminoso para liberar a sus huestes capturadas en recientes redadas y en el que Jano tuvo que batirse rezando a Dios para no morir entre terrucos senderistas a ráfagas de FAL y pistoletazos contra los incendiarios fanáticos del presidente Gonzalo y así librar apenas su vida.
El breve informe del Ministerio del Interior divulgado en Lima a la mañana siguiente indicaba que habían muerto más de una decena de policías, alrededor de noventa subversivos, prófugos (70 senderistas y 304 presos comunes), además de cuantiosos daños a la propiedad privada, civil, militar y el reclusorio parcialmente derruido. Lo que no decía el informe era el penetrante trauma síquico que los policías sobrevivientes sufrieron esa noche en defensa del orden establecido. De inmediato y en represalia la autoridad militar designada por el gobierno peruano decretó el ´Estado de emergencia´ y ordenó destruir toda la parafernalia senderista en Ayacucho y arrestar vivos o muertos a sus militantes.
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Tan pronto lo ascendieron a Teniente, Dustín C., fue adscrito a Ayacucho la zona de conflicto interno lo que le costó la amonestación de un general por reclamar airadamente tal decisión, pues — ¡yo no quiero irme a morir por terrucos!—le increpó. El respondón joven autodenominado después Jano, presionado para que no lo boten de la policía por desacato, viajó a fines de enero desde la capital peruana hasta esa ciudad serrana con su esposa Margot y su hija de 2 años de edad alojándose convenientemente en el barrio de La Magdalena cerca al centro colonial. Desde que egresó de la escuela de oficiales su existencia policial en Lima estuvo surcada por capturas de ladronzuelos, arrestos de delincuentillos de abastos y resolución de infracciones de poca monta. Alegrón y dado a beber intercalaba su tiempo asimismo, en prostíbulos lumpen, mar de copas en chinganas porteñas, papeleos en oficinas policíacas y una aburrida vida familiar. Ya en la lluviosa Ayacucho pronto encontró colegas que congeniaron con su licencioso estilo de vida.
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Eran aprox. las tres de la madrugada cuando en la lobreguez de una silenciosa calle del barrio de Andamarca inundada de lluvia ellos ubicaron la chuklla (choza de quincha y techo enramado) del camarada Roque. De inmediato el teniente Jano al mando de cuatro policías armados y algo ebrios tomó vuelo y violentó a patadas la puertezuela de tablón ingresando con los demás en la oscura habitación que olía a tocosh y charquis apuntando su arma a todos lados sin ver nada adentro, de pronto, se dio cuenta que en suelo había un indígena tirado y antes de jalar el gatillo de su FAL 4508 (fusil ametrallador ligero), el hombre cogido de sus borceguís le dijo llorando: “¡papay, no me mates…otros son los que asaltaron el penal!…¡No me dispares, k´api papaycito!”...aiawchacuy!...un presentimiento sobresaltó el alma de Jano y espurreando ruidosamente percutó varias veces el gatillo de su ametrallador contra el andino sin usutas (sandalias) pero las balas no salieron, los policías detrás suyo también iban a disparar al hombre pero él ofuscado, les gritó: — ¡carajo, no es Roque!—y dio la orden de desalojar prontamente la choza y dejar libre al indio. Los cinco atemorizados jóvenes uniformados salieron sigilosos a la calle en aguacero a buscar más sediciosos fugitivos pero en la mente del oficial quedó grabado el rostro anguloso sombrío del viejo andino que la muerte no se quiso llevar.
II
Tiempo después Dustín C. ya cuarentón, divorciado de Margot y retirado unos años atrás de la policía por consejo médico había adoptado el oficio de jardinero de parques y jardines en un burgués distrito limeño, lo hacía con el rostro encubierto por una capucha, anteojos oscuros y ropa de trabajo holgadas, adoptando tal actitud de incógnito porque se sentía perseguido y observado, se angustiaba creyendo ver por las calles a jóvenes andinos a los que él recluyó en el penal ayacuchano después del asalto de 1982; caminaba a salto de mata cuando se dirigía a su hogar temiendo ser descubierto por senderistas venidos a Lima a ultimarlo, reforzó la seguridad de puertas y ventanas de su domicilio con tapias de fierro y como aún hasta hoy, casi no departe con sus vecinos. Había rigidizado su seguridad personal desde que una noche del 2001 fue secuestrado en el cercado limeño por unos jóvenes, tres hombres y una achinada mujer con voz dirigente, todos de buen talante, quienes llamándolo por su nombre lo abordaron, lo subieron a un taxi y raudamente lo trasladaron en dirección sur por unos 35 minutos hasta una casa de paredes estucadas en donde la mujer antes de entrar, y después de aclararle que no tuviera miedo, le dijo que una persona les encargó traerlo — ¿Y cómo me reconocieron?— le preguntó Jano, —¡el Partido sabe cómo hacerlo, teniente!—, le contestó la china de mirada lúcida; grande fue la sorpresa cuando en la sala de la casa, después de unos minutos de espera, apareció un hombre algo mayor a quien reconoció inmediatamente, este vestía lliclla “manta” marrón y sombrero de paja quien después de saludarlo civilmente, lo invitó a pasar a un salón contiguo en donde en una mesa con mantel rojo había un festín serrano que él aprendió a saborear cuando era jacarandoso teniente en Ayacucho: patachi con tocino, human caldo, cuy chactado, una jarra con chicha de molle y potes con mazamorra de jahuinca…—¡Este es mi agradecimiento!...¡Reqsisca, Jano, tu supiste no acabar con mi vida esa noche! ¡Ja Caraya!...Nosotros somos hijos legítimos del pueblo y estamos aquí atrincherados combatiendo contra los burgueses…—le dijo, pausadamente.
Meses después Dustín C. recordó de aquel secuestro que después de comer parco, tenso y casi sin conversar con el camarada Roque fue regresado al centro limeño y liberado por los cuatro jóvenes cerca del municipio de San Isidro en donde aún trabaja.
Por estos días de solitario, en su cama y en las cotidianas madrugadas de panicosos insomnios, cada vez que busca una explicación del por qué le dieron de baja de la policía relee vez tras vez un diagnóstico que no cree y que en 1983, regresado de Ayacucho a Lima después de tumbar a patadas y metralleta cientos de puertas de chozas de terrucos, un siquiatra dictaminó su mal como TEPT, trastorno por estrés pos traumático evidenciado por constructo arousal, numbing emocional, flash back nocturnos y amnesia disociativa
Tal es la vida suspicaz, reservada y delirante del ex oficial de la policía que lidió contra las guerrillas en los andes peruanos al cual los años no le han quitado sus habituales curdas de aguardiente, la esporádica compañía de alguna amiguita cariñosa y su burlón modo de ser; Dustín que se siente Jano y anda con su encaletado Taurus calibre 38 al cinto, cree que son los guerrilleros que pululan disfrazados por donde transcurre su vida los que lo van a matar pronto …”hay un camarada que se me escapó en un operativo policial, he averiguando su domicilio y lo voy  a recapturar…ingresaré a su casa y le plomearé el cráneo tal como lo hicieron a mis cumpas de la policía...Pero, ¿y si me apresan?… ¡carajo!, ¿y si me meten al penal de Ayacucho con los puna runa?...

EPILOGO
El Informe oficial del Gobierno del Perú de agosto 2003 a través su Comisión de la Verdad y Reconciliación divulgó que el partido PCP-Sendero Luminoso, facción maoísta del hoy condenado a perpetuidad Abimael Guzmán Reynoso llamado por sus seguidores ´presidente Gonzalo´, ocasionó con sus métodos sistemáticos y masivos de extrema violencia 31331 víctimas mortales (46 % del total entre1980-2000) y las fuerzas armadas peruanas el 37 % siendo las zonas más pobres del país las más afectadas.
Pero allá arriba, en las serranías del barrio de Andamarca de calles antiguas y polvorientas, de casonas con arquerías españolas y pórticos con cruces, la lloclla yawar o lluvia sangrante recuerda con sus truenos que estremecen los cerros de ichus y pukupukus que aún entre sus cuevas se ocultan muchos indóciles senderistas listos para atacar▪

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