Martina una meretriz morena se compadece de la alteración conductual de su cliente Roque Ferreñas y lo conmina a que trate con psicoterapia su AUTONEPIOFILIA, que es la excitación libidinal que depende de la posibilidad de representar a un niño en pañales.
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| "Martina escroto y pañales", fue escrito para la asociación AGIFES San Sebastián, España, en el 2014. |
CUENTO IMPÚDICO
MARTINA, ESCROTO Y PAÑALES
En la sombra de la apacible habitación, Martina
Elvira, suspirando hondo, le advirtió al cholo Roque que esta noche sería la
última vez que le besuquearía “los huevos” (el escroto), porque no es de
cristianos hacer esas horripilancias”; que lo haría con el compromiso que
retornando él a Paita (un puerto norteño peruano) ingresaría a cirugía
urológica.
La morena de rulos rubios y negros, treintona
y poderosos muslos, atendía a negociantes viajeros que llegan a Lima, aseando
sus habitaciones alquiladas en donde ellos preferían discretamente guarecerse en
lugar de refugiarse en el desafecto de los hoteles comunes para eludir
indiscreciones; viajantes misóginos de dadivosas billeteras que gustan comprar caricias
de samaritanas mariposillas para alegrar sus estadías. Ante estos hombres Martina
se encubría como amable criada y al ganar sus confianzas les ofrecía su sensual
lubricidad.
Y no se hizo de rogar la garbosa morena a la
súplica de Roque: lo sentó al borde del lecho, se quitó los tacones, se desnudó
y empezó el ceremonial desvistiéndolo lentamente… por largos minutos le
acarició alternativamente la cabeza rapada y sus genitales prietos, luego,
abrazándolo de la cadera lo condujo al baño susurrándole coqueterías, y ya en
el jacuzzi de la habitación lo jabonó con Heno
de Pravia y enjuagó tres veces “para que esté limpio mi nene”, le dijo;
luego, con Roque echado en la cama le colocó delicadamente entre los glúteos un
pañal para incontinentes, le sobajeó en la cara sus vastos pechos morenos y
luego él arrecho le succionó los pezones pardos como un bebé –por eso se
enamoró de ella, ¡por sus pechazos y su calor maternal!-, ella en exquisita
postura 69, neneándolo, le besuqueó el escroto y dejó de lamerle después de exiguos
minutos cuando él… ¡eyaculó!, Roque excitadísimo exclamó muy quedo: “¡mama,
mama! ¡Quiero pipí, no pupú!”; en seguida la morena le limpió el pene con espráis
de Parera y con pañitos húmedos le
secó los testículos, las babas y la frente, luego le quitó el pañal eyaculado y
le puso otro, antes de cerrarlo besó su glande y lo abrochó. Siguiendo el rito,
Martina encendió la música y mientras bolereaban Capullito
de Alhelí entre otras canciones de Caetano Veloso, ella desnuda y él con pañal, se dejó succionar nuevamente la tetamenta. Apretar su
vulva pilosa, sentir su traspiración agria, el meneo de sus caderas y sus túrgidos
senos (ella evitaba besarlo) fue para Roque una progresión a otro precoz orgasmo.
Después del breve frenesí Roque Ferreñas se
relajó tanto que se tiró a la cama fulminado de sueño. Martina desde la primera
cita comprobó que él no era un buen amante, que debía aprender más posturas
para encandilar a una mujer. Delicadamente le cambió el pañal y lo cubrió con
una manta: “tuto meme, mi nene”, le susurró y abandonó la habitación al
crepúsculo.
Más tarde, esa noche de luna llena, Roque
enrumbó su furgón a Paita pensando en
la próxima semana cuando “repetiría el plato con la negra” antes de ir al
urólogo.
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Paita, ardiente embarcadero interoceánico apenas
refrescado por las brisas que pulen la piel de sus pescadores, refugia entre
sus dunas cerrazones a ¡inmensas iguanas pacazos! estáticas, fisgonas, verdosas,
listas para saltar; animales percibidos como malignos por las embarazadas
cuando se les atraviesan en las noches lunadas; cuentan las que abortaron del
susto al ser mordidas por estos reptiles que sus criaturas nacieron con
adversas malformaciones que la medicina ha calificado de axintasias
embrionarias por ser fetos amorfos, sanguinolentos, esquizocefálicos,
momificados, papiráceos, arlequines, o feto dentro de otro feto gemelo.
—¡Negra, te veo mañana! “quelo” teta ¿ya?... ¡guaá! ¡Hasta luego!-
dijo Roque a Martina con su acento norteño.
El sonriente camionero Roque Ferreñas, manejando
su furgón de 1995, cortó la llamada de su móvil y recordó que aún no había
consultado al urólogo su anormalidad y juró por el Cristo Cautivo, al cual temía por
milagrero, que lo haría a su regreso a Paita después de
celebrar con Martina el Viernes Santo en Lima. Mientras conducía hacia el sur por
la oscura carretera panamericana norte trasladando a Lima 5 toneladas de pescado
congelado, pensaba en “apagar sus ganas” con ella y este viaje era decisivo
para él no solo porque recibiría el último besuqueo de la morena antes de tratarse
en una clínica, sino que además cancelaría 10 mil euros del furgón Hyundai R7F-313
que sería el primero de su flota vehicular que fundaría en pocas semanas: “Fish
Cool Cargo es el nombre del negocio que me independizará de mi feo patrón…¡guaá,
paisano!”, caviló confiado.
Pero “sus ganas”, al volante, se
intensificaban a cada hora y a cada kilómetro que avanzaba y más en las noches húmedas
como ahora aún a diez horas de su destino, cuando el ruido del motor Cummins del furgón espantaba sus miedos a
estos arenales costaneros bifurcados por la carretera. Planeaba adquirir para
su agencia de carga camiones con GPS, con vidrios resistentes a martillazos de
asaltantes de carreteras; ruteados por cartografías digitales y con un scanner biométrico
que lo libraría de las consabidas coimas policiales; su logo marketero impreso
en las bodegas frigoríficas de los furgones sería una dentona tintorera azul y se
especializaría en trasladar especies marinas prime. “Mi slogan será: Puntual,
seguro y a precio justo”, pensó.
En travesías de 20 horas como la de Paita a Lima
de más 1600 km, el cuarentón Roque se detenía habitualmente en el bar al paso El Viajante de cuya alegrona dueña era
amigo íntimo, allí cenaba, dormitaba en la cabina del furgón y antes de seguir
su viaje madruguero al sur, ingería tisanas de jengibre, hojas de coca y miel
para combatir el sueño y la fatiga. Fue en esa taberna que nuevamente contactó vía
celular con Martina para confirmar el encuentro la mañana siguiente en Lima, en
la avenida Brasil para desayunar y luego ir a calmar “sus ganas” en su
habitación ubicada frente al municipio de Magdalena del Mar.
Alrededor de las 11 de la noche de este
jueves Santo, en plena marcha suelta por la solitaria carretera, Roque culpó a
las supersticiones de Paita (que trasuntan la marca de Satán en las monstruosidades
innatas de una persona), de no tener sexo normal con una mujer y ser rechazado hasta
por las meretrices callejeras cuando descubrían su vergonzante escroto bífido (partido),
por lo que él aún practicaba el onanismo forzado… recordó aquella estadía en
Lima, almorzando en una fonda en la Av. Brasil que halló a ¡Martina! ¡Qué buena
suerte! Esa tarde Roque convenció con sus generosas propinas y poéticos piropos
a la morena en transparente minifalda para ir a su habitación…”Me envalentoné en esa primera cita tapándome
la cara con una sábana y me dejé desvestir por Martina, ella gritó escandalizada
al ver mi pene violáceo por debajo de mis testículos: ´ ¡Es hechicería lo que
tienes allí! ¿Por qué está tu verga es así, te accidentaste?´…le revelé que nací
así por la mordida de una iguana pacazo a mi madre preñada de mí una noche de
viernes Santo… ¡nunca me ha dolido, ni sangrado y orino por el agujerito que
esta debajo de la cabecita! — ¿Y por qué tu madre no te llevó al médico?— me
reprochó... le expliqué que al nacer mi testes eran normales, que con el tiempo
apareció la deformidad y como mi mamá era supersticiosa lo interpretó como un maléfico
signo por la violación que sufrió ella (y de donde nací yo)”… De pronto, Roque
volvió en sí y pisó el freno del furgón pues adelante una patrulla policial de
carreteras le hacía señales refulgentes para que se detenga.
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En Lima eran aproximadamente las 10 de la
noche de jueves Santo cuando Martina ya había revelado al doctor y cliente
Flores los pormenores del insólito proceder sexual de su otro cliente, Roque. Ella
sacudió con un plumero, desganada, un diván negro culminando así la limpieza del
consultorio de Flores quien la calificó de “mujer melanodérmica, senos
tetofílicos, culo magno y muslos afrodisiacos que inducirían a pecar a
cualquier santo varón”, allí, el psiquiatra le explicó su diagnóstico:
—Es un fetichista tu tal Roque… ¿Ah? pues eyacula si está con pañal…
probablemente su mal apareció de adolescente cuando de curioso se puso uno que
usaba algún incontinente familiar anciano… Respecto a su placer escrotal, te
cuento que existen caricias maternales que extravían síquicamente al lactante… ¿Ah?
existen casos en que el besuqueo de la madre en la boca, pecho o genitales del
niño le producen erotización temprana que se evidencia después en una
adolescencia adelantada… Estas criaturas cuando son infantes, buscan
oportunidades para frotar los senos, piernas u otras zonas íntimas de la madre
y son proclives al incesto… otra de las consecuencias es que la autoestima no
se estructura correctamente y se manifiesta siendo ya adultos con incapacidad
para enfrentar con éxito sus situaciones difíciles… ¿Ah?-.
El sicoterapeuta diagnosticó como autonepiofilia la manía de Roque, porque “su libido se libera cuando actúa como guagua...
—Su madre creyendo ignaramente ´curar´ su saco bífido, le besuqueaba
el escrotito, por tanto, el pañal y la eyaculación precoz están definidos por
la sobre excitación buco-escrotal y la figura inconsciente del incesto materno…
sus fobias a los arenales oscuros también configuran su constelación psíquica conflictiva— ¿Y por qué haces esta consulta por él?—indagó maliciosamente
Flores.
—Porque le tengo pena, porque es buena gente; me trae muchos regalitos
del norte, me invita a cenar y me paga bien sin pedirme rebajas…—respondió
Martina, nostálgica.
—Su comportamiento de bebé adulto es sicopático y es una expresión defensiva
de su organismo contra esta parafilia de fácil sicoterapia… en cuanto a su escroto
partido, una cirugía ambulatoria hará que la piel de la bolsa testicular se una
y corrija la hipospadia, aperturándose
el meato ciego del glande… algo sencillo, económico y de rápida curación— Tu, Martina,
al satisfacer su fantasía sexual suplantas a la madre de Roque en los
ceremoniales. También existe un Complejo de Edipo no resuelto porque su mamá
falleció cuando él fue infante… Roque no maduró, quiere ser bebé siempre, la
testosterona en su sangre lo inquieta y su mente idea las fantasías de los pañales;
la eyaculación precoz es el miedo a penetrar a su madre representada por ti,
sin embargo, no sufre de impotencia, según me cuentas… ¿Ah?—.
Al salir de la sesión siquiátrica Martina prometió
traer a Roque a consulta y se dirigió a la habitación en Magdalena del Mar pensando
en que él llegaría a Lima el día siguiente al alba con su furgón repleto de pescado
desde Paita.
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Una emisora radial fue la primera en
divulgar la funesta noticia que aproximadamente 6 de la mañana de Viernes Santo
“se desbarrancó en una colina de Ventanilla
un furgón de carga que venía desde el norte de Perú hacia Lima llevándose
consigo automóviles, paneles publicitarios y árboles plantados en la berma
sinuosa hasta quedar empotrado estruendosamente en la fachada de un
restaurante, regándose en plena ruta, por los impactos del furgón, unas 5
toneladas de pescado helado que contenía”, botín marino que la turba de gente ya
sosegada del pánico inicial provocado por el desbordado bólido de 3 m de altura,
saqueó para su consumo especies como atunes, pericos, lenguados, anchovetas,
cojinovas, meros, caballas, bonitos, pulpos y potas, que fueron alimentos que la
tarde de ese vienes se sirvieron como maná de Jehová en los cientos de hogares
insertos en aquél el inmenso cerro Pachacutec
de esa zona.
En la delegación policial de Ventanilla el nervioso
Roque Ferreñas ya capturado, fue asistido por Martina a quien un alférez llamó;
ella apareció trayéndole vituallas, mantas y el calor de sus abrazos tan
necesarios ante los drásticos interrogatorios del fiscal, abogados y de los
periodistas quienes con micrófonos y filmadoras le enrostraban, ante su mudez, el
por qué manejaba a tanta velocidad en esa autopista en declive hacia Ventanilla, una población costera a una
hora al norte de Lima, una ciudad indigente alzada entre dunas (Otra vez un arenal
marcó su destino secano como cuando a su madre, él le fue engendrado por la
fuerza). El Parte policial dictaminó que el accidente del vehículo placa
R7F-313 se debió “al vaciado del líquido de frenos y por exceso de velocidad”.
— ¡Gracias, negra! Tus consejos, comprensión y calor me hacen sentir
como un churre (niño), te quiero mucho por ser mi mamá cuando me cambias los
pañales ¡guaá, Diosito!- le dijo Roque sollozando, abrazándola al despedirse.
En la tarde, Ferreñas fue recluido en un
calabozo del Palacio de Justicia de Lima por los destrozos que hicieron “sus
locas ganas por Martina”. Así, quedó postergada la cirugía del escroto bífido y
la fundación de “Fish Cool Cargo” en su Paita querida; solamente la mulata que
lo miraba compadecida, lo animaba celosamente. Ya en la noche, el cholo Roque buscando
sosiego
en esa fétida celda policial colgó en la
pared la fotografía de ella moza posando en hilo dental en el arco de un
estadio de futbol.
Camino a casa, Martina Elvira, recordó sonriendo
su asco inicial al considerar de “aberrado sexual” al desolado camionero a
quien los pañales puestos lo hacían eyacular, pero en las siguientes sesiones
con él se percató que era una travesura; pensó seriamente especializarse en
este sutil servicio coligiendo que en Lima existiría una pléyade de hombres paradójicos
a quienes les estimularía usar pañales, baberos, sonajas, biberones con
cerveza, cunas, ropones y el besito de una nodriza en el escroto oloroso como
broche de oro a las citas rijosas… ¡Agú!▪

"Martina, escroto y pañales", es la convergencia de dos personas singulares en Lima. Ferreñas, el viajero del norte que padecía de una psicofilia generada por un defecto maléfico en su escroto y Elvira Martina, la bella morena quien lo ayudó a sobreponerse de este trastorno psicológico, aunque el destino lamentablemente después los separó.
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