La vida la solitaria y adinerada de una economista la empuja a tener por pareja sexual a su mascotita.
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| "Natacha se fue de casa", fue escrito para un concurso de cuento erótico en EEUU, en el 2014. |
CUENTO IMPÚDICO
NATACHA SE FUE DE CASA
Nueva
York ciudad de riquezas y penurias, es una urbe fetiche que impone su estilo
estresante a sus varios millones de habitantes y Manhattan, lo mejor de sus distritos, esconde entre las new twin towers, el World trade center y la sede de la ONU, la ambivalente vida de
Natacha B. Fuller una madura economista norteamericana.
Hija
única de un capitalista Judío y una guapa colombiana, sufrió los convencionalismos
machistas de su adusto padre que la apartaron muy joven de la casa familiar de Richmond también “plagada de apariencias
burgueses” como ella lo llamaba. Desde su época escolar cuestionó la sociedad
que la vio nacer y crecer, situación esta que le ocasionó ideas fijas que aún hasta
hoy confrontan su vida de soltera: “¿Por qué las mujeres deben ser
hipócritamente recatadas al iniciar una relación sentimental con un hombre?
¿Por qué ellas no luchan para legalizar el aborto terapéutico? ¿Por qué las
mujeres necesitan primero tener hijos para motivarse a avanzar en la vida? ¿Acaso
una chica no puede tener sexo responsable con quien desee y no vivir reprimida
por el qué dirán? ¿Por qué nosotras estamos obligadas a ser siempre bellas?
¿Por qué la sociedad no acepta del todo a una solterona? ¿Por qué no pueden ser
pareja legal gay y lesbiana?”… y así suceden en su siquismo tantas otras
interrogantes insolutas que condicionan sus largas noches insomnes. Huyó de la
casa ancestral por tener un padre invasivo que decidió el curso de su vida
profesional al imponerle la carrera de Administración Financiera pues ella no
tuvo el valor de decidirse por ninguna otra en especial.
Ahora,
a sus 37 años, con casi sesenta mil dólares mensuales de salario y desempeñando
la Vicepresidencia de Inversiones en España y Latinoamérica en el Banco JP Morgan, Natacha vive cómodamente sola
en la suite prime del condominio Milton Friedman en el Barrio Queens en la orilla opuesta del East River, un lugar exclusivo para
mujeres Ejecutivas y funcionarias del Estado Americano. Graduada en The University Murray State de Kentucky,
siguió Maestrías en The City University
Of New York Queens, en The Mel Bourne
Business de Australia, en The
University of Harvard y culminó un PhD en The University of Texas, y otra en el Centro de Estudios Económicos de Madrid, además de otras becas y
pasantías en Europa y Asia en donde el Banco y su padre le facilitaron estudios
que ella supo bien aprovechar para abrirse paso exitosamente entre los
tecnócratas que hartan su antigregaria vida. Y es solitario su devenir porque no encontró el amor de pareja, ni el afecto maternal, tampoco el respeto
paternal, sin embrago, tiene amigos por montones, está conectada con todo el
mundo financiero, invitada a todas las reuniones de los clubs a donde pertenece…
pero ningún hombre hasta el momento se la ha acercado en serio para iniciar una
relación sentimental, por eso cuando adolescente observó por primera vez una foto familiar
de su adinerada abuela paterna elaboró un pensamiento que repite una y otra vez
cuando se siente triste: “Sólo hubiera heredado su habilidad para hacer
negocios, más no su aspecto físico”.
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—¿Emasculación? ¿Por qué desea quitarle el deseo sexual y los rasgos
de macho a su mascota bebé?—le inquirió el veterinario Kochi.
—Quiero asegurarme que Fido no tenga descendencia y sea solamente
para mí—respondió tranquilamente Natacha.
—La castración es una extirpación quirúrgica de los testículos que
ordinariamente evita el cáncer prostático en los humanos—respondió intranquilo el
veterinario. —Además, está relacionado con catabiosis precoz, es decir, un
apresurado envejecimiento celular; cibofobia o aversión anómala a los alimentos;
acatisia o sea gran agitación, entre otros signos patológicos en los animales—complementó
Kochi.
—Usted proceda doctor, mi mascotita tendrá una vida feliz haciendo
lo que le enseñaré.
La madura economista compró a Fido un
pelilloso Pekinés en una subasta privada adoptándolo a ojos cerrados porque
había investigado que pertenecen a una raza de caracteres gruñones, celosamente
afectivos, sumisos a sus dueños y obcecadamente obedientes. En los siguientes
meses nada más le valió a ella seguir las asepsias, desparasitaciones, nutrición
perruna y cuidados de las greñas que el suspicaz Kochi le recomendó para que
Fido se convirtiera en el fiel y habitual compañero de lecho nocturno de
Natacha en su suite Prime.
A
ella le encantaba retozar con el pelinegro Fido, la rutina de juego que le
enseñó era inaudita, el perrito había aprendido desde cachorrito que oyendo
palabras sugestivas acompañadas de carcajadas de su dueña seguidas del
contorneo de sus caderas lo invitaba a acercarse más a Natacha, la que sentada
en un sillón de su dormitorio le mostraba los blancos muslos en alto y su truza
roja a media pierna, indicándole así que debía olfatear los sudores de su
genital rapado con olor a pescado o mejillones maduros... Y que finalmente,
después del excitante juego previo, llegaría el gustillo salado escondido al
fondo de sus piernas por largo rato.
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Eran
aprox. las siete de la noche de un viernes cuando Natacha abandonó rápidamente
las oficinas del banco Morgan de
Manhattan, en la cochera del lujoso edificio dorado se despidió de algunas jóvenes
compañeras de labor que allí coincidieron con ella, se abrochó la chaqueta de
su traje gris, abordó su Audi, encendió
la radio, sintonizó el noticiario y enrumbó por la autopista 77 a su casa en
las afueras de Manhattan. En el trayecto mientras escuchaba atentamente el
reporte de los índices bursátiles y con el aire acondicionado encendido se sintió
aliviada del escozor genital que la siguió durante toda la semana, la quemazón
la había inquietado aún más ese viernes caluroso de julio. Mientras preparaba
los estados financieros, los cash flow
del banco y atendió a varios clientes a quienes autorizó empréstitos de bajos
montos, no dejó de pensar en el festejo que haría esa noche en su inmensa suite
que parecía una tienda por departamento.
Natacha
tenía por hobby comprar dalias con tulipanes de un jardín botánico en la
autopista 77 y emplearlas en sus baños de vapores perfumados de los viernes en
la noche junto a Fido para, según ella, limpiarse de esas vibraciones negativas
que recibía durante la semana de sus compañeros del Banco.
Salieron
del baño, ella desnuda y el pekinés sacudiéndose el agua, y entraron al semi oscuro
dormitorio. Ya secos y perfumados, enfundada ella en una cortísima enagua
carmín y con su cabello rubio suelto que expuso a la secadora, se dirigió al
sillón bajo de palisandro ubicado al frente de su alcoba, se sentó en él con
las piernas flexionadas, roció esencia canela a sus pezones y vulva lubricada y
llamó a Fido que ya movía su rabo nerviosamente y empezaba a olisquear lascivamente
sus labios vaginales...
— ¡Uhm! ¡Deliciooso!
¡Qué riico! ¡Lame despacio perrito! ¡0h! ¡Ay!... ¡yaaaa!
Una
y otra Natacha vez exhalaba su éxtasis a respiración jadeante y a ojos cerrados…
después de unos veinte minutos de placer genital, cogió al perrito del lomo y apartándolo
de su entrepierna lo colocó en su regazo para acariciarle varias veces el
vientre gris, olió profundamente su hocico dejándose relamer los labios y raboseando
la bolsa escrotal sin testículos del animal lo dejó suavemente en el piso. — ¡Fido!
¡Hoy estuviste uhm! ¡Qué lengua para larga! ¡Eres un fino travieso adorable!...
Ve a comer, sé buen chico…
Sentada
en otro sillón de su habitación, ya arropada con su pijama de colores, le
invadió una melancolía que no se explica por qué es recurrente después de estos
actos practicados desde su vida universitaria, autoculpandose del desamor y
lejanía filial en que la se halla porque huyó de la casa de sus padres. También
recordó aquellas contracciones vaginales intensas que sufría cuando joven y que
interpretó como miedo a ser penetrada violentamente y que ya no le suceden. Tampoco
mostró preocupación por las bacterias que colonizan el hocico y lengua de Fido
pero sí consideró que los Gardnerella
vaginalis y tricomonas ya no le ocasionarían una vaginitis
inespecífica.
Aparecieron
también en su obnubilada mente un confuso collage
de pensamientos entrecruzados de los
tantos temas que a diario analiza: la crisis de la Unión Europea; los activos
fijos, la depreciación y obsolescencia de los negocios en la India; los leasing
de la Ford, los costos hundidos en
China; el control contable, el Banco Mundial, FMI, la Reserva Federal, las inversiones
inmobiliarias, los Estados Financieros de Banesco;
informes de tasaciones de cobre, oro y plata en Londres; bienes de Capital en
Chile, PBI alemán… El Morgan ha
invertido millones de dólares en proyectos mineros en Latinoamérica, por
ejemplo, en Venezuela en donde tenemos certeza que tiene reservas de
hidrocarburos para los próximos 300 años...Perú totalizó 10000 millones de
dólares por inversión directa según UNTAD…www.cid.harvard.edu, Hipotecas y mejoras permanentes
capitalizables, Budget, procesos middle office, préstamos revolving… ¡leer
diariamente The Economist!… analizar a Mercedes Benz Financial Española, Banco Santander, Minera Freeport Mc Moran,
Caja de ahorros de Canarias España… www.boj.or,jp, Hilton Worldwide
propietaria de Hoteles Hampton…toda
esa masa densa envolvente del universo financiero que es su mundo la adormeció
profundamente hasta el sábado siguiente en que despertó pensando que este fin
de semana intentaría una vez más reconciliarse con su padre.
EPILOGO
Natacha
Fuller de indumentaria siempre formal, discreta y de temperamento frio, fue una
tecnócrata exitosa que estuvo atenta a la actualidad económica financiera mundial,
pero sus cuestionamientos a la sociedad burguesa circundante y su voluntaria existencia
insociable configuraron extrañamente su manera de pensar y ver la realidad. Natacha
también fue una mujer que se procuró placer sexual mediante
su mascota que no fue una práctica zoofílica concreta (verga-vagina), según advirtió
ella, pero demostró ser zoólatra de cierta raza de canes a quienes amaestraba
para sus momentos placenteros… ¿Y cuáles eran los momentos para hacerlo? pues los fines de semana
que le funcionaron como catarsis mental.
Para
su compañero de cama Fido esa fue la última deplorable actuación. Falleció a
los 16 meses al atardecer del sábado por una solución intravenosa de tartrato
sódico ordenada por Natacha y realizada por el doctor Kochi dada su avanzada
metabiosis inducida por la castración cuando fue cachorro. Fue cremado y sus
restos enterrados en el Mortis Garden del condominio Friedman en donde ya es costumbre hacer
estos rituales por algunas mujeres que allí viven. ▪

"Natacha se fue de casa", aún pendiente de subir a este blog.
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