El ex beatle George Harrison fue el hijo mimado de la señora Louise y en este relato se cuentan dos premoniciones que vivió con ella.
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| "Las premonitorias dalias de Louise", fue escrito para el Club Las Dalias de Ibiza, Islas Baleares, España. |
RELATO INCLASIFICABLE
LAS
PREMONITORIAS DALIAS DE LOUISE
Ese
fin de año fue diferente. Ansiábamos un golpe de suerte para obtener fama y
dinero porque en Liverpool y Hamburgo no lo conseguíamos, y ¡sí que
llegó! En el almuerzo de navidad le comenté muy animado a mi madre que habíamos
conocido en noviembre a un señor que asistió a La Caverna y le gustó cómo tocábamos y dijo que a través de NEMS, su
tienda de discos, nos vincularía con firmas que los producen en donde grabaríamos
nuestras propias canciones, ella me contestó amablemente que debería seguir una
profesión y que la música la imaginara como un pasatiempo. El sabor semi amargo
de la salsa de champiñones que preparó esa tarde me dejó un disgusto tan igual
como su intención de que dejase mis guitarras Egmond y Hofner a un lado
y que estudie, por ejemplo, botánica, porque lograría un futuro dichoso pues —…las
flores se venden todos los días, George—, me aseguró, Louise.
La semana siguiente míster Brian, que era el joven empresario de los discos, nos hizo
llamar con Neil Aspinall, un amigo nuestro, para reunirnos en el Reece’s Cafee, no era la primera vez que
nos invitaba a comer desde el 17 de diciembre en que hicimos nuestras primeras
fotografías oficiales, fue allí que nos dijo, seriamente: —preparen maletas
porque nos vamos a Londres...he conseguido una audición con DECCA, una
discográfica que vende rock en todo Reino Unido…―. Nos quedamos sorprendidos
ante abrumadora noticia, nos mandó a alistar nuevos trajes grises, las camisas
blancas, los botines Chelsea negros y
los calcetines cortos, citándonos para el día siguiente en la barbería Birthday de la calle Penny Lane para recortarnos los
cerquillos. De imaginarme que de provincianos llegaríamos a la gran capital, me
produjo nervios, alegría y deseos de tener mucho dinero en mis bolsillos.
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Una mañana de aquél diciembre,
en el patio de mi casa en la 12 de Arnold
Grove, encontré a mi madre Louise cortando sus flores que vendía a domicilio,
al preguntarle por unos pétalos en forma de rayos de sol, ella me dijo que eran
dalias gigantes y que las llevaría a una cliente especial que era mística, me
permitió olerlas y la verdad me impactó tanto que después de ayudarla a
preparar sus ramilletes de rosas y dalias para sus amigas, me sumergí en mi
habitación en donde compuse las primeras letras y acordes de guitarra de Aquí viene el sol que los guardé en un
cajón y que saque a la luz después de ocho años, en el tiempo en que estaba por
separarme de The Beatles…Esa fue la
primera premonición de las dalias de Louise que se cumplió.
Mi hermano Peter asiduamente
ayudaba a repartir las flores a Louise, pero aquella mañana fui yo en su
remplazo porque él había viajado. Al llegar a la casa de su amiga Petula, menor
que mi madre, le entregó en su puerta seis dalias, una rojas, otras amarillas, conversaron
una media hora de cotidianidades y de las bondades de esas flores cuando
escuché decirles ―…consumen poca agua, dejan en la tierra minerales bondadosos,
nutren los insectos que se les pegan melósamente, se venden a buen precio y
sanan el cuerpo y alma de la gente…―. Pero, hubo otro detalle que me fascinó y
que me enteré en esa charla, fue como otro presentimiento: ¡las dalias eran
originarias de un país lejano llamado México!
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El mánager Brian Epstein nos
esperaba flemáticamente mirando su acostumbrado Rolex en la estación del tren al mediodía del domingo 31 de diciembre,
los ímpetus y las expectativas estaban puestos en el casting que nos tomarían
el día siguiente. Antes de despedirse Brian nos comunicó que nos esperaba en el
hotel Royal para cenar y muy
formalmente se fue en el tren de las 12 hacia Londres.
Desde comienzos de diciembre
habíamos tocado en las noches en La
Caverna, además de ensayar tenazmente para dar una buena impresión a DECCA,
y hasta no se festejó la noche vieja para llegar concentrados a Londres. Viajamos
repletos en la van Commer de Neil con
nuestros equipos e instrumentos, hacerlo así era incómodo aunque estábamos acostumbrados
pues de esta manera cumplíamos nuestras giras en Liverpool y otras ciudades. Durante el trayecto empecé a bromear
con los muchachos para disfrazar mis nervios y el resto hizo lo mismo, menos
Paúl que estaba sentado atrás tocando en su armónica una melodía que no la
había escuchado y sonaba interesante. John también se animó y empezamos con
nuestras guitarras a tratar de agarrar la cadencia, Pete llevaba el compás con
sus baquetas tocándolas en el espaldar del asiento, simulando su batería.
Estábamos ya cuadrando la canción que insinuaba a Jane, la novia de Paul, hasta
que Neil que manejaba paró la camioneta en seco y nos dijo asustado que nos
habíamos perdido, John protestó airadamente y le dijo que iba a manejar porque
él si conocía la ruta, Aspinall le contestó que no sabía manejar y era un
peligro que conduzca, cruzaron gruesas palabras, los demás mirábamos cómo aquello
podía convertirse en un lío; me paré del asiento y cogí a John del brazo para
bajarlo de la camioneta…Ese fue el primer altercado entre Neil y John que casi
termina en volvernos a Liverpool si
no fuera por la intercesión de Paul quien manifestó a Neil que él había causado
el desorden para que se extraviaran.
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El lunes, 1 de Enero de 1962, The Beatles (John, Paul, George y Pete),
audicionaron una hora para DECCA-Records de Londres sin resultado positivo
momentáneamente. Y pasaron 17 años para que se cumpliera la otra premonición
que sintió George Harrison la única vez que acompañó a su madre a vender sus
flores: en setiembre de 1978 se casó con la descendiente de mexicanos Olivia Arias,
de quien dijo, él: ― ¡Es la dalia más dulce que ni siquiera en el jardín de mi madre
Louise, floreció!―. •

"Las premonitorias dalias de Louise", está a disposición del lector previo mensaje a: pasiguan60@gmail.com
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