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El Apóstol de Ur, narra las acciones de un personaje culto que dado su instinto alerta y perspicaz libró a Jesús de atentados y traiciones contra su vida y su comunidad religiosa.

"El apóstol de Ur" fue escrito para a COPÉ 1999. Lima.

CUENTO INCLASIFICABLE
CRÓNICA DEL APÓSTOL DE UR
“... Fue en la aldea de Betania, al sudeste de Jerusalén, donde le entregué al Maestro el informe final en el que le aseguraba que sería traicionado y entregado por uno de sus discípulos…”

¿Quién fue este apóstol extranjero?
La persona que narra la crónica fue un guerrero ilustrado que estuvo muy cerca de Jesucristo. Originario de Ur, la milenaria ciudad de Caldea, fue considerado dentro de la primera Comunidad Cristiana como un apóstol más. Por su experiencia en las antiguas artes del espionaje le tocó investigar a algunos grupos clandestinos y peligrosos de la época como la secta de Monjes de Qumran o el llamado Gremio Nacionalista de Palestina, quienes pretendieron utilizar para sus fines religiosos y políticos al movimiento que fundara Jesús hace más 2000 años.
Jesús, intuyó la necesidad de contar con un estratega conocedor del pensamiento semita que lo ayude a resguardar a su naciente Comunidad de caviladas traiciones, santas hipocresías, intereses de grupos sátrapas y otros riesgos maléficos; es así, que una tarde de Otoño antes del tiempo de los apóstoles Jesús encuentra a este redomado personaje de Ur quien después de enterarlo de su Misión Salvadora se hace su discípulo. Según nuestras fuentes éste misterioso personaje se reunía en secreto y obligatoriamente de madrugada con el Maestro informándole detalladamente de todo aquello que representara un peligro para su nueva colectividad cristiana.
Poco antes de fallecer, después de transcurrir varios años desde el sacrificio del Mesías, vuelto a Ur y ya alejado de las acciones de espionaje cuenta sus vivencias al lado de Jesús a Yaseft, su pequeño hijo, por ello es que en algunas partes del relato lo ilustra –escrito en cursivas nuestras–, explicándole creencias y costumbres religiosas de la cultura judía.
La sutil observación y el manejo cuidadoso de todo lo inusual en torno a la Comunidad, empezó en los tiempos en que ésta se expandía desde la región norteña de Galilea hacia el resto del país; dedicándole especial atención a los grupos y personajes que se adherían al joven movimiento mesiánico. Impedir la infiltración de grupos antagónicos a la Misión Salvadora, así como el descubrimiento de corrientes disidentes al interior de la Comunidad, fue la tarea principal que se le encargó; siendo el mayor de todos sus temores, la gestación de un complot político o religioso contra el Maestro. Debido a lo arduo de esta labor y a su arriesgada naturaleza necesitó –siempre con la aprobación del Cristo– la cooperación de personas ajenas a la Comunidad quienes trabajaron bajo su sagaz dirección, acotando, que los llamados "Doce Principales" nunca se enteraron del verdadero accionar de este personaje.
A continuación, él empieza su relato…







I
LA COMUNIDAD CRISTIANA

EL MAESTRO JESÚS
E
ra otoño del año treinta y los vientos remecían los cobertizos y las pérgolas de las casas en la aldea de Cafarnaúm. Los bejucos lucían desnudos y las águilas ya no retozaban en los riscos del Mar de Galilea ni guarecían a sus crías en sus tibias y tenebrosas cuevas.
Estaba de paso por la aldea después de viajar por el desierto de Tiatra, cuando conocí a Jesús, -recuerdo que llevaba un manto de color granate que combinaba sobriamente con su túnica blanca y grecas marrones; ceñía sobre su cabellera, como vincha, una cinta gris gruesa; en su talega de cuero pude ver, al parecer, documentos importantes-. Jesús, era escuálido de contextura aunque más de una vez fue criticado de glotón y dado a tomar vino, tenía magulladuras en sus manos, según él, huellas de su ex oficio de calafate o carpintero naval. De nariz prominente y delgada, cejas ralas; lucía barba y bozos recortados. Debido a la alta temperatura otoñal su transpiración facial era abundante. Desde que lo conocí Jesús fue hombre de profunda oración, –incansable predicador de engolada voz–, y tenaz misionero. No fue misógino pues optó voluntariamente por el celibato. Antes de iniciar su movimiento se hizo bautizar en el río Jordán por el profeta del desierto, Juan el bautista.

"... El Jordán, el río más importante de toda Palestina, une el mar de Galilea con el Mar Muerto. Mis antepasados me narraron que fue escenario de grandes prodigios divinos: allí, Dios Padre, dividió sus aguas para que pasen los hijos de  Abraham en su huida de la tierra de Egipto; también, Elíseo, discípulo favorito del profeta Elías, hizo en el Jordán tres maravillosos milagros: dividió a voluntad sus aguas al cumplir 77 años, hizo flotar una gran hacha de hierro transportándola a la otra orilla, y devolvió la vida a un niño muerto en las garras del diabólico Leviatán. Recuerdo que los viejos guerreros hablaban de Naamán, un capitán Sirio, que al no encontrar otra solución a su mal, se bañó 7 veces en el río y se curó definitivamente de la lepra que lo aquejaba..."

LA ORGANIZACIÓN DE LA COMUNIDAD CRSITIANA
Se fundó alrededor del año treinta uno cuando Jesús convocó a un grupo de colaboradores para iniciar su gran Misión. Llamó a Pedro, por su afable carácter y su facilidad para hacer amigos; a Andrés, por su lealtad y su destreza en la pesca; a Santiago, el mayor de los apóstoles, por su experiencia y seriedad; a Juan, hermano de Santiago, por su juventud y dotes de cantor; a Felipe, por conocer otras lenguas y ser atento colaborador; a Bartolomé, por ser maestro de la ley; a Tomás, por ser audaz negociador y ex recaudador de impuestos; a Mateo, por su habilidad de cocinero y sanador reconocido; a Santiago, llamado ´el justo´ por su nobleza y mansedumbre; a Tadeo, por su gran capacidad de trabajo; a Simón de Caná, por ser hombre de familia acomodada y por sus relaciones políticas; y a Judas Iscariote, por sus contactos sociales en Jerusalén. Dos años después la Comunidad sumaba más de 3,000 personas entre judíos y extranjeros. Este crecimiento hizo que sugiriera a Jesús el nombramiento –además de los Doce Principales–, de un grupo de nuevos asistentes entre procuradores, predicadores, músicos salmistas y demás colaboradores.
A todos ellos –unos 60 aproximadamente–, los distribuí en 4 grupos: El primer grupo, formado por los doce más cercanos, estaba dirigido por el mismo Jesús y secundado –en este orden–, por Pedro, Santiago y Juan; tuvo como labor la propagación de la doctrina y la organización de las actividades de culto a Jehová. El segundo grupo, dirigido por Tadeo, Felipe y Bartolomé; se le encargó la alfabetización y el cuidado de los enfermos. El tercer grupo, dirigido por Tomás y Simón de Caná; se le asignó agenciar dinero, víveres y alojamientos durante las peregrinaciones. El cuarto y último grupo, dirigido por Andrés y Santiago ´el justo´; se le encomendó la supervisión de las compras y de los servicios de cocina, lavandería y limpieza. A Judas, independientemente de mí; el Maestro le asignó llevar los dineros de la Comunidad.
En cuanto a la rutina diaria comunitaria no pretendo detallarla; en general, las reuniones empezaban muy temprano con el besamanos al Maestro, los cultos y rituales acostumbrados, las oraciones al Padre, por las tardes la exposición pública de la palabra o doctrina mediante parábolas, luego, por las noches, la cena compartida y el fraccionamiento del pan; finalmente, la entonación de salmodias con címbalos y arpas. Después, y en privado, el Maestro, los doce y yo preparábamos la agenda del día siguiente…

Judas
"... Cuyo apellido Iscariote significa ´Hombre de Queriot´, fue identificado como de la tribu de Judá. No era Galileo como la mayoría comunitaria; en apariencia humilde pero adinerado y bien relacionado, tenía en Jerusalén un oculto apoyo económico; el Maestro le asignó la función de ecónomo de la Comunidad y lo eligió a pesar de su oscura fama de ambicioso, ya que algunos conocidos míos me susurraron sobre él... — ¡es un ladrón, porque cuando rinde cuentas o se le realiza arqueos, nunca hay conformidad!—…”

LAS PUGNAS INTERNAS
A finales de ese año, cuando algunas autoridades judías empiezan a presionar y desprestigiar con insidia al Maestro surgen al interior de la Comunidad grupos y personajes que muestran su descontento. A éstos los hice vigilar de cerca para identificarlos, disolverlos o expulsarlos, con el respaldo y pleno conocimiento del Maestro. Eran los siguientes:
"Los debajo la higuera”
Grupo dirigido por nuestro conocido Bartolomé; conformado por un numeroso círculo de maestros de la ley, muchos provenientes de Nazaret, lugar aledaño a Cafarnaúm; se consideraban como judíos ortodoxos y hablaban entre sí en hebreo –lengua culta y no en arameo como los demás–. Pedían con insistencia al Maestro que impida la admisión a la comunidad de indigentes y que prohíba el ingreso a las sinagogas o templos de oración a las mujeres por considerarlas impuras. Sugerían al Maestro que no hable con mujeres en lugares públicos, pues, Ningún guía Espiritual, debía rebajarse a hacerlo. Este círculo, ganó rápidamente muchos adeptos dentro de la Comunidad, sin embargo, pudimos disolverlo después que el buen Bartolomé compartió e hizo suyas las enseñanzas de Jesús.
"Los Fariseos de Hagot"
Grupo liderado por un fariseo llamado Hagot, nacido en Magdala, aldea a orillas del Lago de Tiberíades. Conocido por sus seguidores como Bharrá. Practicaba activamente con éstos los cultos a Dios Padre. Ellos, emplazaron una noche al Maestro a que mantenga la enseñanza exclusiva de La Torá o los cinco libros escritos por Moisés; y, a no usar otros documentos considerados no divinos por Hagot. Este, decía que la ley era sólo para los judíos, y que Esdras, un antiguo sacerdote de Tarso, hizo mal en popularizarla. Propugnaban confiscar entre la población y los religiosos de la época, copias de la traducción del Talmud o antiguo libro sagrado hecha al griego por Esdras llamada la Septuaginta. Instaban a los miembros de la Comunidad a no comer animales sin desangrar, pues la sangre, decían es la fuente de vida de todo ser. Practicaban entre ellos la extrema purificación de las manos y de los utensilios antes de las comidas condenando a los demás miembros por no seguir esta sagrada medida. Proclamaban la prohibición de casarse con extranjeros por considerarlos paganos; y defendían hipócritamente a su vez la vigencia del matrimonio plural o múltiple –que ejercían a espaldas del Maestro–. Consideraban que los rituales públicos de dar limosna y el guardar ayuno dos veces por semana –como mínimo–, eran fundamentales entre los hijos piadosos de Dios y que permitirían acelerar la llegada del Mesías. El Maestro reprobó todo aquello. Fue informado al detalle de los conflictos que provocaba este grupo entre nosotros -aunque procuré minimizar en el informe los aspectos humanos y espirituales que eran admirados por algunos de los nuestros-, logrando finalmente, su rechazo y expulsión definitiva.
Asimismo, surgieron pintorescos personajes que trataron de sorprender al Maestro logrando confundirnos en un primer momento. Estos procuraron llevar nuestras limpias aguas a sus trapiches siendo descubiertos –con esfuerzo– felizmente a tiempo. Entre varios están:
Ramiro el Griego
Extranjero que sufría de bruxismo, a quien el Maestro asignó los servicios de ayuda a los ancianos. Tenía predilección por platillos a base de gorrino –cerdo señalado por los judíos como mefítico–. En los viajes por Galilea se afanaba por impedir que los tullidos, leprosos y sifilíticos, se acercaran al Maestro. Sentía un extraño odio por estos desdichados a los que consideraba castigados por Dios; promovía en secreto y con mucho afán la creación de vertederos o basurales en los extramuros de las ciudades y aldeas que visitábamos, similares a los existentes a lo largo del valle de Hinón en Jerusalén, donde se arrojaban los cadáveres de animales enfermos o de alevosos criminales –que no merecían santa sepultura– para ser devorados por el fuego azufrado o por las cresas de gusanos hasta convertirlos sólo en miasmas y huesos, confinándolos a manera de infierno o gehena.
Popularizó entre nosotros –no con poca morbosidad–, la leyenda que María, la hermana de Moisés, fue castigada con lepra por murmurar contra Dios aunque después dijo: fue sanada y perdonada al alcanzar la ancianidad. Al suscitarse las grandes persecuciones en el año treinta y uno, Ramiro fue considerado por el Maestro como el gran responsable de que acusaran a los Cristianos de perseguidores de los enfermos y de los pobres, acarreándonos un sin fin de problemas y de malos entendidos; después de un largo periodo con nosotros y al no haber alternativa, Ramiro el Griego, dejó la Comunidad a pedido explícito de Jesús.
Kólob el Nigromante
El Maestro, en sus esporádicas predicaciones por la sureña región de Samaria –donde nunca fuimos bien recibidos–, incorporó a un nuevo personaje de nombre Kólob –un nigromante hechicero– que creía poseer los poderes de las piedras de Urim y de Tumim: las que Dios daba a los hombres elegidos para obtener revelaciones del futuro o traducir lenguas míticas o legendarias. Repetía frecuentemente que Dios Padre le había revelado que los patriarcas Adán y Noé no eran los Arcángeles Miguel y Gabriel, protectores de los judíos. Debo confesar que el encargo que recibí de deportar a Kólob hasta el desierto de Gaza fue cambiado por una sumaria y secreta ejecución donde mi antigua colaboradora Rut –una vez más– dio muestras de su lealtad y entrega a la Misión. De esta manera se dio fin al peligro que acechaba la pureza y la fe. El Maestro lo conminaba al sorprenderlo en sus sesiones iluminadas a dejar estas ocultas prácticas, enseñándole que sólo Dios sabe el devenir de los hombres. Luego de un exhaustivo seguimiento y después de ser acusado por la sospechosa e insólita muerte de tres miembros de la Comunidad –que fueron encontrados ahorcados y con señas de embrujos–, fue expulsado por el Maestro y maldecido por nosotros al comprobarse su participación en estos crímenes propios de prácticas escatológicas y de ultratumba.

II

LA INFILTRACIÓN POLÍTICA – RELIGIOSA

El Gremio Nacionalista de Palestina
A finales del año treinta y dos en Galilea, el Maestro decide continuar su misión en Jerusalén –ciudad ubicada en la región sureña de Judea, Palestina–. Para ello urgía de un mejor sistema de abastecimiento y de recursos; comisiona entonces a Judas el Iscariote a que se traslade a esa ciudad para negociar y conseguir lo necesario.
Judas regresó algunas semanas después acompañado de un grupo de personas. Éstos extranjeros se presentaron ante el Maestro como empresarios de la pesca y se ofrecieron unirse a la causa nuestra, afirmando entre otras cosas formar parte de un gremio extendido por toda Judea. Dado el dinamismo de muchos de ellos, en poco tiempo se insertaron convenientemente dentro de la Comunidad y en los meses que estuvieron con nosotros se hicieron reconocidos por sus continuas colaboraciones económicas, aportes de jarcias para pescar, contratación de peritos en expediciones, alquiler de embarcaciones, donación de víveres y acondicionamiento de locales para la Comunidad. Este grupo viajaba constantemente hacia Jerusalén en lujosas y veloces caravanas habiéndome percatado que todos ellos usaban una sortija idéntica –que tenía en alto relieve el símbolo de una esparavel, teniendo incrustada al centro una piedra de balaje morado, como señal inequívoca de ser miembros de alguna cofradía-.
Días antes de la celebración de la fiesta nacional judía, a comienzos del año 33, ellos solicitaron una reunión con el Maestro. Nos reunimos en privado con ellos y ahí se ofrecieron viajar a la ciudad santa de Jerusalén a preparar todo lo relacionado para la estadía de la comitiva Cristiana, comprometiéndose a asumir el integro de los gastos de la peregrinación tradicional que se emprendería en los próximos días. Aprobado el ofrecimiento, partieron quedándose dos de ellos entre nosotros, según dijeron para las coordinaciones. Todo se encontraba aparentemente bajo control; hasta que trascendió que se preparaba una conspiración contra el Maestro en Jerusalén; inmediatamente envié un mensajero para que previniese a Rut –que se encontraba allá– encargándole el seguimiento de los miembros de este enigmático Gremio.
El monje bautista
A finales del año 32 en Galilea, se mostró ante el Maestro un monje de nombre Deseret, personaje que aseguraba ser ex-discípulo del naga Juan el Bautista, aquel santón proveniente de la secta religiosa de Qumran –grupo que vivía a orillas del Mar Muerto aislado del resto del mundo a la espera de la llegada del Mesías–; Deseret, decía haber renunciado a Juan y a su ideología ancestral. Fue incorporado inmediatamente a la Comunidad por el Maestro tras su juramento de total fidelidad. Durante su permanencia entre nosotros el gazapo Deseret –apodado la abeja obrera– fue admirado por su sapiencia, su habilidad para convocar adeptos, la facilidad para predicar las enseñanzas del Maestro y su sólida espiritualidad. Gracias a su tenaz dedicación ganó para el Maestro un significativo número de conversos. Sin embargo, cuando todo indicaba que por sus méritos sería promovido a ocupar algún cargo de mayor responsabilidad dentro de la Comunidad, una fría noche de abril, guiado por mi habitual suspicacia, lo seguí personalmente hasta las afueras de Cafarnaúm y ahí comprobé que ´el confiable´ Deseret, continuaba vinculado a la secta de Qumran al entrevistarse en secreto con Nehor, un conocido rábula radicado en Jerusalén, integrante del Gremio Nacionalista de Palestina.
De toda esta desleal intriga, informé al Maestro –tras la captura de un cómplice de Deseret, quien nos dio mayores detalles– y así, ordené a Débora, otra de mis informantes, que viaje y se infiltre en esa secta y realice un minucioso seguimiento. Poco antes de partir la comitiva peregrinante a Jerusalén, ordené el allanamiento de la posada que ocupaba Deseret hallando entre sus pertenencias un pendón de terciopelo zarco con un halcón de plata incrustado en el centro, emblema de los miembros activos de la Secta de Qumran.

"... Cuenta una leyenda que después de la guerra de los cielos, antes de la creación del universo, Dios arrojó a la tierra al mengue Satanás y a un tercio de la población de ángeles malignos quienes desde entonces vienen engañando a los hombres. Algunos han ganado realce en la historia aliándose con el Diablo, como: Baalan, antiguo profeta hijo de Bosor, del cual se dice que a cambio de grandes cantidades de dinero maldecía al pueblo de Israel y le hacía el mal. Dios, al ver su terquedad y esperando su cambio hizo que su asna –un ser inferior pero leal–, le hable hasta convencerlo de desistir de sus maldades. También, existió la célebre idólatra Jezabel la que se casó con un popular y querido Rey judío, quien perdió no sólo su reino, sino la vida a consecuencia que Dios lo maldijo porque su esposa tenía el indigno afán de  adorar  a los dioses fenicios… Además, relata otra leyenda, que en ocasiones Satanás, toma cadáveres humanos y los reviste de sensualidad para seducir a jóvenes mujeres con quienes copula y les deja su semen frío".

Convencido que mis sospechas conducían a un mismo punto y destino, en la que se involucraban a estos dos supuestos grupos conspiradores; propuse al Maestro adelantarme a la comitiva y camuflarme en la caravana de avanzada organizada por los integrantes del Gremio hacia Jerusalén. Entonces partí con la misión de enviar información al más breve plazo.
Ya en Jerusalén, y debido a maquinaciones que afectaron a mis colaboradores Rut y Débora, me fue imposible alertar a tiempo al Maestro de todo lo que se preparaba en su contra; en esos momentos, Él y su comitiva –sin tener noticias mías–, viajaban ya hacia Jerusalén sin sospechar nada grave.

EL COMPLOT
El arribo del Maestro a Jerusalén
Era el tercer mes del año treinta y tres. Después de cinco días de un tranquilo viaje, el Maestro, montado en un asno garañón y acompañado de una comitiva de treinta personas llegó un domingo a la ciudad Santa. Casi enseguida se dirigió al Templo de Jerusalén –Caifás era el sumo sacerdote en esos días–, encontrando una feria popular en sus atrios con zahúrdas de cerdos incluidas, abarrotados de gente que negociaban con paganos mercaderes. A todos éstos El Maestro les incriminó el sacrilegio que cometían y con ayuda de Pedro, Santiago y Juan, logró expulsarlos pacíficamente.

"...Se dice, que Dios ordenó a los judíos que construyeran un Santuario para rendirle culto y ofrecerle los sacrificios y servicios de la hanuka –o fiesta de las luces–  y del día de expiación, los que se debían acompañar de exvotos y ofrendas en el altar con inciensos de olíbanos; por ello, el Rey Salomón ordenó construir el templo en la cima llamada Salem, unos 990 años antes de la llegada de Jesús".

A su paso por las calles, la multitud lo esperaba con diversos obsequios, los más pobres lo saludaban con simples ramas de olivo; la fama del Maestro era tal que los harapientos galloferos pugnaban por besarlo o tocar su túnica pues oían decir que era el Mesías esperado y alababan su munificencia. El barrio central de Ofel rebasaba de gente vitoreándolo; a lo largo del valle de Cedrón se apostaron miles de personas gritando su nombre y cuando nos encontrábamos cruzando el lecho seco del arroyo de Tyropeón, el Maestro anunció al vulgo que denunciaría a los profanadores de la ley de Israel.
La comitiva del Maestro se dirigió al sur-este de Jerusalén instalándose en la aldea de Betania. Judas el Iscariote había dispuesto la mejor posada para el Maestro y nosotros –contaba ésta, con amplios salones para festivas zahoras y un huerto exterior conocido como Getsemaní, que significa prensa de aceite, pues allí habían unos bosques de olivo–.
Por esos días, el pueblo judío se aprestaba a celebrar la fiesta nacional de la pascua y los más de diez mil peregrinos llegados de todo el país para los servicios en el Templo, pugnaban por encontrar adecuado alojamiento. Fue aquí, en la posada de Betania, en la madrugada de un lluvioso martes, que el resultado final de las investigaciones realizadas al interior de la Secta de los monjes de Qumran y del Gremio Nacionalista de Palestina fue comunicado amplia y detalladamente a Jesús.
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III
El informe final
Aquella, fue la última reunión secreta que tuve con el Maestro antes de los acontecimientos fatales. Le entregué un manifiesto de complot contra él obtenidas por Rut –mi joven vidente de Ur, colaboradora experimentada en realizar seguimientos para la resistencia contra-romana, a la que pude reclutar con facilidad por ser mi compatriota. Se le encargó se filtre en el corazón del comité directivo del Gremio Nacionalista de Palestina; y por la astuta y bella Débora, destacada colaboradora nacida en Galilea, encargada del seguimiento a la comunidad de Qumran.
El manifiesto del Gremio Nacionalista era un documento intrigante, propio de un movimiento zelota de vena islámica en el que se delineaba un plan extremista que aprovecharía la presencia popular de nuestro movimiento en Jerusalén para defenestrar al poder romano. Entre sus líneas se advertían aspiraciones políticas que fomentaban la extensión y el afianzamiento de la resistencia armada en las comunidades árabes, egipcias y sirias contra los usurpadores romanos. Proponían como el inicio de sus operaciones de liberación, la muerte de nuestro líder espiritual, calculando una respuesta masiva de protesta en toda la ciudad con la subsiguiente toma de Jerusalén por acción armada de este grupo rebelde. Por otro lado, obtuve información que revelaba que éste Gremio estaba coludido con la clase religiosa judía encabezada por los sacerdotes Kairos, Anás, Leonel y Caifás, además de contar con la protección cómplice de un traidor procurador romano.
Otro dato obtenido que pude verificar personalmente, fue el descubrimiento al norte de Jerusalén de un grupo militar de más de cuatro mil hombres con caballería incluida, entrenados por desertores soldados e insurrectos de origen romano. Igualmente, conseguí información confidencial que revelaba que el Iscariote llevaba casi 10 años involucrado con el Gremio –en cargos de menor importancia– y que había sido infiltrado en nuestra Comunidad para obtener información clave sobre ésta, y así, facilitar la consumación de éste complot. Además, le informé que el Gremio a través de Nehor, había celebrado un pacto con el monje Deseret para que grupos de la secta de Qumran generen en Jerusalén olas de descrédito religioso contra el Maestro y así justificar su muerte.
En resumen, el plan siniestro proponía en apariencia que una vez conseguida la expulsión del poder romano por la rebeldía armada, el Gremio daría a los de Qumran el poder religioso en Palestina y otros países imponiéndolos como los nuevos guías espirituales. Sin embargo, los hechos demostraron lo falaz de éste plan ya que Débora fue testigo de excepción de lo sucedido a los monjes de Qumran. Estos, fueron traicionados y reprimidos por los zelotas –otra rama armada del Gremio– a sangre y fuego siendo Deseret torturado desnudo en una húmeda mazmorra hasta morir de pulmonía.
Al finalizar mi informe, me percaté que el rostro del Maestro mostraba una expresión de melancolía nunca antes vista; antes de salir del aposento donde nos encontrábamos me entregó un mensaje escrito en lengua Moabita y sin decirme palabra alguna, se alejó lentamente... leí el mensaje y no lo entendí y me quedé con una interrogante que me atosigó todas las horas siguientes: ¿Por qué no salva su vida y huimos a Galilea?, pensé.

La cena de pascua
La fiesta nacional judía tenía como punto culminante la cena de pascua. Ante la evidente conspiración del Gremio y de las autoridades judías, la elección del lugar para la celebración pascual debía hacerse en secreto, por eso el Maestro comisionó a dos de sus discípulos –Santiago y Pedro–para realizar esta cena en Jerusalén y no en Betania.

"... Y así fue. Con la asistencia de los más íntimos al Maestro, celebramos la cena de pascua la tarde del martes en casa de un conocido nuestro ubicada al sur-oeste de la ciudad. Previamente, el Maestro realizó un pediluvio a trece de nosotros, presidió la mesa, compartió cuatro copas de vino con el motsah o pan sin levadura y disfrutamos de un sabroso cordero asado. Luego, bebimos aromáticos vinos añejos; finalmente, cantamos varios motetes a puerta cerrada contradiciendo la costumbre de dejar las puertas abiertas y reservar un lugar en la mesa para el profeta Elías, ya muerto."


La revelación divina
Luego de la cena de pascua del martes, salimos furtivamente hacia el sur-este de Jerusalén a la posada de Betania, y cuando llegamos el Maestro me llamó aparte y me dio las instrucciones de cuidar, si se suscitaran problemas, a los doce elegidos; luego, apesadumbrado se fue a orar por un estrecho sendero adornado de blancas florecillas al jardín de Getsemaní. Ese día, muy avanzada la noche, en nuestro refugio trascendió entre nosotros la respuesta que yo buscaba en secreto: Dios había revelado al Maestro, en sus últimas oraciones en Getsemaní, que se cumpliría la profecía que revelaba que Él iba a morir clavado en una cruz.

"... La pena de muerte judía se ejecutaba mediante la lapidación que consistía en apedrear al acusado hasta su muerte; los testigos de los crímenes de blasfemia o adulterio podían tirar las primeras piedras a los criminales, luego, todo el pueblo colaboraba en el lanzamiento de las piedras hasta que el culpable moría sepultado. Muchas veces intentaron apedrear a Jesús, pero Él, no iba de morir de aquella manera, sino, con el método del opresor romano que era, clavado en la cruz..."

El fallido complot
De acuerdo al desenlace de los acontecimientos, el Gremio equivocó sus cálculos al sobre valorar su poderío armado y no considerar el creciente panurguismo anticristiano sembrado por Deseret y los monjes de Qumran entre el pueblo judío. Fue este enardecido sentimiento colectivo el que empujó al gobernador de turno Poncio Sixto el Pilato a reforzar la milicia romana acantonada en Jerusalén previendo un posible desborde popular que empezaba a sentirse entre la gente. Sólo así, se explica por qué el Gremio dio marcha atrás en el último minuto a su plan y no concretó su organizado y ambicioso complot que involucraba a diversas autoridades judías y romanas las cuales, recibieron remesas de dinero por adelantado para dar facilidades a esta conspiración incrementando así sus fortunas personales           .
Ante el encarcelamiento de Deseret y el inesperado giro político de los acontecimientos, el Gremio en salvaguarda de la organización, pagó 30 monedas de plata –el equivalente a 5000 salarios– para que se capture al Maestro y sea entregado a los Sacerdotes judíos. Fue el Iscariote –activo miembro del Gremio y hombre de confianza de Jesús– el escogido para realizar la más vil de las traiciones, ofreciéndosele además un importante puesto político.
Paralelamente, el Gremio ordenó a los zelotas –su grupo de mercenarios– que apoyen a las autoridades romanas y al ejercito de centuriones a la captura del llamado galileo religioso, aliándose finalmente con sus enemigos.

La muerte del Maestro
El miércoles en la madrugada el Maestro fue capturado por un grupo de soldados romanos dirigidos por sacerdotes judíos. Esa misma tarde se le sometió a humillación pública y a un amañado juicio por blasfemar contra el Dios de Israel. El jueves siguiente fue condenado a muerte por Poncio Sixto el Pilato quien quiso congraciarse con los partidarios y opositores del Maestro lavándose las manos públicamente manifestando así su imparcialidad sobre las acusaciones que se le hacían, pues temía, contradecir la opinión popular y encender aún más los ánimos de la gente; evitando también, la censura del César Tiberio, Emperador de Roma.
Fui testigo finalmente, de la muerte de tres personas claves ese mismo día: la de Deseret, quien logró escapar desnudo y arrepentido de prisión –como lo relató Marcos en 14:51– y morir luego acuchillado por agentes del Gremio; el inesperado suicidio del Iscariote quien se aventó a lo profundo de un rocoso barranco al enfrentar el terrible magnicidio que se había cometido y del que formó parte; y, la injustificada, criminal pero redentora crucifixión del Maestro Jesús quien a sus 33 años de edad expiró clavado –en una tosca y pesada cruz de madera de bejuco–, a la vista de cientos de sus seguidores y sintiendo personalmente las más intensas de las emociones de mí ya trajinada vida. Lo acompañé las siete largas y sangrantes horas de su agonía y me enteré en ese tiempo del significado del mensaje en lengua Moabita que el Maestro me entregara en nuestra última reunión... Éste decía: Todo lo que me has dicho, mi Padre y Yo lo sabíamos pues escrito estaba....




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